¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Prefiero dar las gracias

A Quiquito, gracias por darme esta segunda oportunidad de maternar, por haberme convertido en una mamá mucho más relajada, que logra conectarse, disfrutar más y enojarse menos (aunque a veces igual pierda la paciencia). Gracias por tu sonrisa casi permanente, por tus dotes actorales que te hacen poner cara de loco, de enojado y hacerte el lindo, todo casi al mismo tiempo. Gracias te doy por tus largas siestas de tres horas que me permiten trabajar, descansar y ver BoJack Horseman mientras almuerzo. Gracias por tus "halaaa" cuando hablás por teléfono -de verdad o jugando. Gracias por tus canciones monosilábicas y por tu media lengua. Gracias por tus ojitos gigantes de animé que se abren con entusiasmo ante trenes, ambulancias, camiones ("¡MMamomm!") y demás parque automotor. Gracias por acariciar mi cara cuando estás dormido al lado mío. Y gracias por tu ternura.
A Dani, gracias por ser mi compañerita incondicional. Por haberme enseñado a ser mamá y -pobre- haber sido tantas veces mi conejilla de Indias y haber heredado mi ansiedad. Gracias por tus dibujos al estilo Jackson Pollock y por tus canciones en inglés con una fonética impecable (aunque no se te entienda). Gracias por las tardes en las que te tirás en mi cama con tus libritos y hacemos "fiesta de leer". Gracias por nuestro sueño compartido de viajar a Japón, y dejar a los varones comiendo pizza en calzoncillos. Gracias por tu valentía y tu inmensa sensibilidad. Gracias por tus preguntas interminables y por siempre escuchar las respuestas que intento darles. Gracias por tus abrazos y tu carita de cachorro, o de cobayo nauseoso cuando me querés pedir algo. Y gracias por tu rebeldía y tus enojos, porque también me enseñan.
A Javi, Papi Reloaded, gracias por estar acá en todas. Gracias por haberme elegido, por habernos elegido, hace casi 15 años cuando éramos dos pendejos casi sin responsabilidades y con todo por aprender. Y por seguir eligiéndome ahora. Gracias por tus miradas seductoras y por las caricias en mis manos. Gracias por tu sentido del humor y tu cara de piedra cuando me decís algo que sabés que me va a hacer reír. Gracias por insistirme para que me tome un rato para mí, para ir a la pileta o para salir con una amiga. Gracias por tu música, y también por toda la música que me hacés escuchar. Gracias por aceptarme como soy y por ayudarme a quererme a mí misma. Gracias por escucharme y valorar lo que tengo para ofrecerte. Y gracias, nunca está de más decirlo, gracias por haberme dado a nuestros dos herederos.

Vengo pasando por un período raro, de transición. De cuestionarme qué es lo que quiero para mi carrera, para mi familia, qué es lo que me puedo permitir soñar en un contexto político y económico tan adverso como el que le toca pasar a mi país. 
Estoy con la ansiedad a flor de piel y no son pocas las taquicardias ni las noches de insomnio. 
Y en esos momentos, trato de volver a enfocarme en lo importante, en estas tres personas que tengo cerca. Ellos son los que me hacen la diferencia, que me demuestran que sigue valiendo la pena pelearla día a día. Y por eso hoy quiero quejarme menos. Y prefiero darles las gracias. 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Redescubrir(se)

Que una semana después lo pierdas
en el supermercado es otra historia.
Una tarde agarrás las agujas de tejer, que tanto te ayudan a tranquilizarte y bajar revoluciones, y le das forma, no a una bufanda para tus nenes o para Papi Reloaded, ni siquiera para tu mamá, tu mejor amiga o tu hermana (cada uno tiene ya la suya) sino a un gorrito para vos, que encima te sale bárbaro y te queda pintado.

Mi tin whistle.
Leyendo un libro sobre música, descubrís que existe un instrumento llamado tin whistle que es relativamente barato y fácil de aprender. Te pica el bichito. ¿Por qué no? Te comprás uno y empezás a aprender a tocarlo con tutoriales de Internet. No tenés más de 15 o 20 minutos diarios de práctica, pero te entusiasma y, con constancia, en pocas semanas aprendés las primeras tonadas.

Yendo a entrenar, descubrís que en el rato que hace un año a duras penas llegabas a nadar 1000 metros, estás haciendo 1500 o 1600. No solo eso, sino que también te invita un profe a una clase de entrenamiento intensivo en la pileta y, si bien terminás agotada, la sobrellevás con dignidad.

Comprás, dos, tres libros.
¡Uno solo sobre maternidad!
Tu mamá te sugiere compartir una tarde de sábado, no llevando juntas a tus hijos a un bar con juegos infantiles, sino yendo las dos solas a recorrer una feria de editores independiente de tu ciudad. Y fantaseás con retomar la escritura creativa, incluso con publicar algo alguna vez. Te llenás de direcciones útiles y pocos días después, te animás a escribirle a una editora que conociste.

Una noche cualquiera te encontrás yendo al teatro con una amiga que te hiciste en el trabajo. Ven una obra rara que les vuela la cabeza, la comentan a la salida. En casa, tu marido se ocupa de que los chicos estén bien bañados, cenados y dormidos para cuando llegás a casa, y te espera con un plato caliente que comés con gusto frente a la tele.

Una mañana, en la plaza del barrio donde siempre llevás a tus hijos a jugar están dando un curso gratuito de RCP. Decidís tomarte un rato para hacerlo, una vez más turnándote con el padre para cuidar a los chicos, y salís del mismo sintiéndote que tendrías que haberlo hecho hace mucho tiempo.
Y no solo porque sos mamá sino porque te pasás
el día rodeada de otras personas que también respiran.
Una semana laboralmente lenta, decidís invertir ese tiempo en actualizar tu currículum y abrirte un perfil laboral en una red social. De paso, te registrás en cuanto portal de trabajo freelance se te ocurre. Y revisás por primera vez en años tu producción, pensando en armar un portfolio para vender tus servicios de redacción freelance con todo el material que ya tenés. Todo eso, mientras tu hijo duerme la siesta. En pocos días, conseguís nuevos contactos y lo que podría ser al menos, una punta de trabajo nueva.

Esa misma semana recibís, como todas las semanas, correos electrónicos invitándote a actividades académicas. En lugar de mandarlos directamente a la papelera de reciclaje, los mirás. Encontrás una invitación a un debate sobre lenguaje inclusivo en el Instituto de Lingüística que alguna vez supiste frecuentar. Y te proponés asistir. Y vas. Y tomás apuntes. Y recordás el placer que era aprender algo nuevo, seguir el razonamiento de otras personas, con el que podés estar de acuerdo o no, pero que definitivamente te hace pensar. Recordás mandar un mensaje a casa para avisar que vas a llegar a la hora de la cena. Y está todo bien. 

Con cosas así, te das cuenta de que tu hijo menor ya pronto va a cumplir dos años. Y que si bien ser mamá sigue siendo esencial en tu vida y que es uno de los roles que más te gusta desempeñar, no es el único. Que cada día más, podés darte el permiso de reencontrarte con quien eras antes, con tus espacios propios. Y de encontrar otros nuevos.

Hay tiempo para todo. Tal vez sea poco. Pero está bueno aprovecharlo.

martes, 21 de agosto de 2018

Acerca del embarazo y el deseo de maternar

En estos últimos tiempos, venimos viendo en vilo a la sociedad latinoamericana respecto a la legalización del aborto. En mi país la ley (aún) no ha sido aprobada. El debate continúa. La lucha persiste. Los abortos clandestinos ocurren y han ocurrido en cualquier época, se cargan con la vida de mujeres pobres, y por lo menos por mi parte entiendo que más allá de la postura personal que cada uno pueda tener, se trata de un problema de salud pública.
Pero, claro, la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo jode mucho a un sector. Más allá de los argumentos religiosos y éticos (recordemos que lo que se viene discutiendo no es abortar o no abortar, sino hacerlo en forma legal o clandestina), lo que está en juego es ni nada más ni nada menos que el deseo. El deseo sexual de la mujer, claro. Pero además, el deseo de maternar o de no maternar.
"La maternidad será deseada, o no será" vs. "Si abriste las piernas, jodete"
¿Qué lugar le damos a este deseo? La maternidad, algo que después nos cambiará la vida que llevamos para siempre y que modificará drásticamente quiénes somos, ¿puede ser producto de una imposición social y legal? Para algunos, decir que la maternidad únicamente puede partir del propio deseo es una idea peligrosa. Y me puse a pensar por qué.
Creo que tiene que ver con que la posibilidad de elegir continuar un embarazo, o no continuarlo, nos interpela a cada uno sobre nuestro propio deseo. Es importante recordar que, si el aborto pasara a ser legal, esto de ningún modo obligaría a nadie a abortar. Pero a much@s pareciera aterrarles el siquiera poder planteárselo.

"Pretenden que no nazcan más pobres". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos de madres exitosas y económicamente bien paradas? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Una madre puede tener que quitarse el pan de la boca para alimentar a su hijo y aún así, desearlo y amarlo como nadie.
"La legalización del aborto es eugenesia". ¿Hablamos de que solo nazcan bebés sanos? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un bebé puede nacer con una enfermedad grave, o con una discapacidad e igual ser amado, deseado y defendido, incluso ante recomendaciones médicas.
"Si falla el método, jodete". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos planificados cuidadosamente, cual Gattaca? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un embarazo puede ser producto del azar, o incluso del error, y hacer despertar el amor y el deseo de mater-paternar. A veces, de inmediato. Y otras veces, en algún momento durante el embarazo. Y otras veces, la confianza en que el deseo aparezca puede ser suficiente hasta darnos paciencia y aguardar al parto.

Embarazo buscado, ¿hijo deseado?
Si tenés hijos deseados, queridos, si tu maternidad es -como tengo la dicha de que lo sea la mía- producto del más profundo deseo, seguramente estarás de acuerdo conmigo en que se trata de una felicidad incomparable. Difícil ponerse en el lugar de quien no quiere jamás tener hijos. Difícil, ¡pero no imposible! Basta con recordar que no todos somos iguales, no todos queremos lo mismo.
Y aún siendo madre o padre por libre elección, sabés que eso no le quita las partes difíciles. Sabés que el deseo de maternar no es permanente ni fijo, que hay días en que podés amar a tus hij@s, pero detestar tu mater-paternidad. Que lo que prima en esos momentos no es el deseo, sino la responsabilidad y el hacerte cargo. Ahora, imaginate por un minuto que ese deseo tan fuerte no hubiese existido en primer lugar. Que solo quedaran la imposición y la carga.
Si deseás tener hijos y no los tenés (aún) por el motivo que sea... en nada te afecta lo que otros u otras puedan desear. Buscá alguien que comparta tu deseo. Y si no lo encontrás, la ciencia y/o la adopción pueden permitirte concretar tu deseo. Pero ninguna mujer debería ser forzada a gestarte un hijo contra su voluntad.

¿El deseo necesariamente implica planificación previa?
Si tuviste un hijo sin haber buscado ese embarazo, si fue producto de un accidente -en el mejor de los casos- y aún así te hiciste cargo y lo sacaste adelante, o si decidiste sobrellevar 9 meses de embarazo y después darlo en adopción, ¡felicitaciones! ¡Bien por vos! Pero sería bueno que entiendas que no todos comparten tu decisión. Y que no está en vos cambiarles la cabeza y mucho menos, obligarlos a que tomen la misma decisión que tomaste en su momento.
Y si quedás embarazada y no estás segura de qué hacer, no deberías sentir que una ley te obliga a tomar ninguna determinación. Quien decide seguir adelante con un embarazo, lo hace. De nuevo, el deseo no es algo fijo y predeterminado. El deseo puede cambiar. El deseo puede nacer de golpe, ante las dos rayitas del test, y aún cuando esa gestación no haya sido buscada puede convertirse en un hijo deseado y querido.

Pero, ¿y si esto no ocurre? ¿Si hay embarazo en caso de abuso? ¿Si peligra la vida de la madre? ¿Si ese embrión no es compatible con la vida fuera del útero? ¿Si falló el método anticonceptivo pese a todas las precauciones? ¿Si el deseo de no tenerlo es más fuerte? ¿Se debería continuar con ese embarazo por un imperativo religioso, ético o moral? Me parece que en todo caso, esa respuesta la tiene la persona gestante. Yo creo saber lo que decidiría si fuera yo la que estuviera en cada una de estas situaciones. Pero bueno, yo soy yo.

Mientras tanto, en Argentina, 38 senadores siguen eligiendo en nombre de todas nosotras.
¿Hasta cuándo?

jueves, 2 de agosto de 2018

Top 5 de frases para el olvido que me tocó escuchar siendo madre

Opinar es gratis. Es más, hay gente que piensa que si se queda callada, le van a cobrar por NO opinar... ¿no es así? ¿Y por qué les cuesta tanto ahorrarse ciertos comentarios hirientes, ofensivos o directamente, ridículos, frente a una embarazada o una mamá? Lo cierto es que a todas las madres que conozco (1) les ha pasado de escuchar toneladas de recomendaciones, sugerencias, consejos, críticas, reproches, etc. referidos a su manera de criar. ¿Las peores? Aquellas que vienen de gente sin hijos y las provenientes de desconocidos.
Hoy una amiga publicó un interesante artículo en relación a las críticas que recibe la lactancia materna. Me inspiró para recopilar mi propio top 5 de frases que me tocó recibir durante mi maternidad:

5) "¿Estás tejiendo? No tenés que hacerlo embarazada. Se le va a enredar el cordón al bebé", dicho por una desconocida en el colectivo. Parece ser que es un mito muy extendido en algunos países. De más está decir que tejer en el embarazo es fabuloso. Pero no me faltó la sugerencia de una persona muy cercana de "consultarlo antes con el médico". ¡Ja!
4) "Este cuello [uterino] está horrible". Palabras textuales de mi ginecóloga en la semana 39 de embarazo. Se refería, claro, a que todavía estaba cerrado, sin dilatación, y parecía que faltaba una eternidad para el parto -FYI dilaté naturalmente 10 centímetros 4 días después. De cualquier manera, ¿tenés que usar precisamente ese adjetivo? 
3) "¿Cómo que es nena? ¡Pero si no tiene aritos!" Y sus múltiples variantes. Debí haberle respondido: "uy, menos mal que usted me avisa, señora, y yo asignándole un género porque nació con vagina, ahora me doy cuenta de que hasta que elle misme no lo decida, es une bebé". Mirá cómo me vengo a dar cuenta de que, en lugar de una desconocida metida, era una feminista de la cuarta ola avant la lettre
2) "No te quejes. Es tu decisión estar cansada. Siempre tenés la opción de ponerte tapones en los oídos, cerrar la puerta y dejarla llorar." Mi propio padre, por teléfono a 10.000 kilómetros de distancia, cuando tuve el descaro de decirle que no daba más después de tantas noches sin dormir... con mi bebita de un mes. No se le puede pedir que esté al tanto de las tendencias de criar con apego o que cite a Rosa Jové, decididamente. Pero ¿tampoco empatía con una puérpera con baby blues y privación del sueño?
1) "Ay, pero mirá qué machona", otra desconocida cuestionando a mi hija con tono despectivo, esta vez con la nena ya de cuatro años, que salía del colegio despeinada y con las rodillas sucias después de educación física. Solo atiné a abrazar a Dani, decirle "vamos, no escuches, mi amor". Me arrepiento de no haber agarrado a esa infeliz de los pelos. 

Adivina, adivinador... ¿qué tienen en común las 5 frases? ¡Adivinaron! Todas ellas se refieren a mi primera maternidad. Desde que soy mamá por segunda vez, no digo que no haya habido frases negativas, malintencionadas, agresivas o ridículas, pero sí estoy convencida de que las filtro mejor porque, ¿saben qué? no registré ni una.

¿Cuáles fueron las peores frases que te tocó escuchar referidas a tu manera de ser madre?


(1) Padres varones, no es por hacerlos a un lado, pero no sé de ninguno que haya sido afectado por comentaritis compulsiva en su entorno. De ser así, ¿me lo cuentan?