¿Para qué escribo? Para desahogarme. Para contactar madres (o padres) de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.

jueves, 20 de julio de 2017

Con una ayudita de mis amigos

"¿Nunca un post sobre tus amigxs?"la pregunta vino de parte de Lucas, padrino de Quiqui, a quien más que un amigo considero un hermano que me dio la vida. "Porque el mío es un blog de maternidad", le contesto. "Ah, o sea que para vos la maternidad es algo totalmente escindido de la amistad!", me tira. Me quedo pensando. 
La verdad es que sí, le digo. 
Me digo. 
Tiene razón, aunque es una verdad que me resulta por lo demás incómoda.

Lo cierto es que para mí, los amigos siempre fueron muy importantes. Tanto como la familia. Y, desde que soy mamá, paso muchísimo tiempo menos con ellos. A algunos los dejé de ver del todo. A otros los veo, pero con menos frecuencia. Y con la inmensa mayoría, siento que no me sale compartir gran parte de mi vida, que pasa por ser mamá y por criar a Dani y a Quiqui. Así como con mis hijos tampoco comparto (todavía) cosas como mi gusto por determinadas series, mi pasión por la lectura o mis juegos de rol, muchas veces siento que mi mundo de mamá es algo que puedo compartir poco y nada con mis amistades.

En realidad, habría que aclarar. Una cosa es mi relación con mis amigas mamás, otra cosa con mis mamás amigas (no, no son lo mismo) y otra muy distinta, la amistad con mis amigos sin hijos (que, por esas cosas de la vida, son amplia mayoría).
Mis amigas mamás son dos, son las únicas de mi círculo de amistades que también tienen hijos de edades similares a los míos. Las adoro, podemos hablar de todos nuestros avatares como madres. Muchas veces reunirnos nos sirve como catarsis, para sentir que estamos menos solas, que a todas nos pasa lo mismo. Una de ellas vive muy lejos y no nos vemos tan seguido. Ella es quien cree que "los amigos sin hijos se pudren de nosotras, nos volvemos monotemáticas y aburridas". A esta altura creo que tiene razón. La otra vive cerca y es una de las personas con quien más me siento acompañada en el oficio de ser mamá.
Mis mamás amigas son esas mujeres que conocí ya siendo madre, son compañeras de trabajo o mamás de compañeritos de Dani con quienes me llevo muy bien y puedo socializar -hijos de por medio. Puede que en un futuro las considere amigas a secas, así nomás. El tiempo lo dirá. 
Y además, están todos mis otros amigos, los que no tienen hijos, a los que sigo adorando como siempre. Adoro compartir ratos con ellos cuando mi marido puede quedarse un poco con los chicos, me encanta que vengan a casa aunque Dani acapare la atención y pretenda someterlos a todos a largas sesiones de juegos de la oca o lotería de animales. A ellos es a quienes más extraño, en cantidad de tiempo que compartíamos y en el que compartimos en la actualidad.

Ojo, de ninguna manera responsabilizo de esto a mis amigos. Todos ellos son muy cariñosos con mis hijos, siempre están dispuestos a adaptarse a mis horarios, que son muy diferentes a los de ellos (y a los que yo solía tener), se interesan por mis cosas y las de los chicos. No por no tener hijos son "antiniños" (que en otros círculos de amigos sé que los hay), y si alguno lo fuera, lo disimula muy bien. Simplemente, no puedo evitar, al estar con ellos, retrotraerme a mi "antigua yo", dejar un poco de lado a la mamá.
Lo que, en realidad, ¡es bastante saludable! Desde que me convertí en mamá, y más aún desde que soy mamá por partida doble, siento que la maternidad arrasó en mi vida como si se tratara de un huracán, que se lleva puesto todo y que deja las cosas patas para arriba. No veo que a ninguno de mis amigos le moleste eso de mí, pero sí reconozco que no sé muy bien cómo explicarles que no me siento la misma persona, que me siento cambiada, transformada... ¿Ejemplo? A mi hijita la pongo en el celular para que les grabe un audio hermoso a sus compañeritos de jardín expresando cariño y dulzura. A mis amigos les sigo mandando otro tipo de mensajes.
Como este.























El tema es que, finalmente, conversar con mis amigos, juntarme a jugar rol o a ir al cine, hasta tomar unos mates en casa mientras mis hijos revolotean alrededor y yo pretendo hacer de cuenta que no me roban la atención... en este momento me parecen "escapadas" de mi ser como madre. Siento como si, por un ratito, pudiera ser simplemente Mariana, como antes. Visitar mi antigua vida, cosa que a veces me produce muchísima nostalgia. Y por eso, supongo, me da un poco de culpa: culpa por extrañar cómo era mi vida sin mis hijos, culpa por quitarles algo de mi tiempo y de mi energía.
Hablando de energía, ¡tengo poca! Y sé que la amistad no puede cargarse sobre un solo costado: no puedo someter a mis amigos a largas sesiones de quejas (eh, para eso están los blogs, guiño guiño). Y reconozco que tengo menos disposición para escuchar y para acompañar. Solo lo que mis hijos me dejan de sobra, que no es demasiado.
También me veo menos por la razón de que muchas de las amistades son compartidas con mi marido. Nos encantaba salir de a 4 o de a 6 con otras parejas. Y ahora, por una vez que conseguimos dejar a los chicos con alguien (habrán sido unas... ¿dos veces en el último año?) privilegiamos salir solos.
La lotería de animales NO ES NEGOCIABLE.
Sé que también nos vemos menos con nuestros amigos a los 35 que a los 20 por las responsabilidades propias de la vida de cada uno -los hijos, principalmente, en mi caso, pero también mi escritura, sus carreras académicas, nuestros respectivos trabajos, nuestras parejas, nuestras familias de origen a quienes a veces ahora toca cuidar... Sé que son muy pocos aquellos de mis amigos que siguen saliendo hasta las 3 o 4 de la mañana los fines de semana, que la edad nos afecta a todos. Y no es que me gustaría volver a esa vida permanentemente... aunque sí de vez en cuando. Y no puedo: ahora soy con mis hijos. No hay vuelta atrás.
Entonces, ahí está: la escisión entre "Mariana mamá" y "Mariana, a secas" la que ellos conocen. Al menos, para mí, la maternidad y la amistad no resultan tan sencillas de compatibilizar cuando siento que necesariamente una le roba momentos y espacios a la otra.

¿Será permanente esta sensación de estar partida al medio? ¿O será algo propio de las que tenemos hijos chiquitos, a los que cuesta dejar al cuidado de otras personas, y todo volverá a acomodarse dentro de unos años?
Quiero pensar que, cuando el "huracán maternidad" se convierta en una lluvia apacible de primavera, mis amigos seguirán allí, en algún lado, esperándome para volver a pasar juntos largas tardes sin que yo esté pendiente del reloj, para ir al cine sin ponerse de acuerdo 17 fines de semana antes, para compartir unos mates y charlar sobre la actualidad del país, nuestro propósito en la vida y, obviamente, sobre los últimos capítulos de Game of Thrones...

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