¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.
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martes, 9 de julio de 2019

Escribir

Hace varios meses que este blog de maternidad quedó entre paréntesis (no, claro que en la maternidad no hay paréntesis, pero en la escritura...). Y yo ni siquiera diría que me he tomado un tiempo sin escribir. Que no publique acá no quiere decir que no esté escribiendo, así como no significa que no esté maternando como antes.
Lo cierto es que estoy escribiendo más que nunca. En paralelo a mi tarea docente sigo dedicándome a la redacción freelance que también me lleva bastante tiempo. Es un trabajo que he logrado armarme por mis propios medios, que me divierte y al que le dedico mis tardes, que nos lleva de vacaciones a toda la familia o nos permite darnos algunos pequeños gustos. Pero que no me llena, digamos, espiritualmente hablando. Conversando con uno de mis amigos hace unos días le contaba que me siento como un músico sesionista, que sigue partituras a primera vista, que ejecuta con destreza su instrumento y que logra interpretar lo que le piden. Pero que extraño improvisar, tocar mis piezas favoritas y, sobre todo, componer. Desde hace años tenía ganas de retomar la escritura creativa, y hace unos meses, con ayuda de la MasterClass de Neil Gaiman, de mis amigos -con varios de los cuales comparto el gusto por escribir- y, por qué no, de mi terapia, estoy comenzando a desarrollar un proyecto propio. 
Por eso vengo menos por acá. No quiere decir que se terminen mis historias de MamiReloaded. Mis hijos siguen creciendo, mi maternidad sigue cambiando constantemente. Pero así como mis hijos están lo suficientemente grandes como para jugar solos algunos ratos y hacer planes con abuelos o compañeritos de escuela, también yo como madre me siento un poco más segura, no me aterro tanto con cada enfermedad ni con cada nuevo desafío, soporto con entereza (y algo de maquillaje) las ocasionales noches de insomnio, he recuperado algunas salidas a solas con PapiReloaded y los buenos ratos en compañía de mis amigos, y también me puedo permitir más espacios propios (incluso con los chicos acá al lado mío mientras tecleo) al no estar cien por ciento del tiempo pendiente de ellos, ni de mi propio yo-madre. Puedo encontrarme con mi yo, a secas. Y darle voz a mi yo-escritora. Lo venía necesitando.

martes, 1 de enero de 2019

Pequeñísimas resoluciones, ¿grandes resultados?

Hoy, primer día del año, es un momento tan bueno como cualquier otro para trazarse un plan de acción que pueda mejorar tu vida. Ya sé, el cambio de año es una pavada si tenemos en cuenta que la Tierra sigue girando y que blah. Lo cierto es que hace varios años que vengo escribiendo mis resoluciones de año nuevo, y varias de ellas las vengo cumpliendo bastante bien. Sé que a muchas personas les pasa que las abandonan muy pronto, a mí también me pasaba, sobre todo cuando son demasiado grandes o abstractas ("escribir ficción", "mejorar mi relación con X", "cuidarme más").
El año pasado (recién pasado) me di cuenta de que a veces lo que cambia para bien la vida son cambios muy chiquitos, imperceptibles, en lugar de resoluciones enormes. Antes de pensar las de 2019, me propuse ver de qué pequeñas maneras mi vida cotidiana mejoró en 2018 con algunos cambios igualmente pequeños.

¡Salen espectaculares!
- En lugar de "comer más sano y variado", me propuse sumar determinados alimentos: empecé a desayunar copos de avena al menos dos veces por semana en lugar de pan, reemplacé el huevo frito por deliciosos huevos mollet -más sanos e igual de ricos, lo juro- y volví a incorporar brócoli en mi mesa familiar (mis hijos lo aceptan mezclado con otras cosas).
- En lugar de "cuidar mi imagen personal", decicí maquillarme todos los días para ir a trabajar, cosa que nunca antes había hecho en la vida. El look a cara lavada está bien para el sábado a la tarde, pero con 30 y largos años, ya creo que en el trabajo me hace ver un poco descuidada. Sorprendentemente, maquillarme un poco me lleva menos de cinco minutos, y pude sostenerlo todo el año.
- No cambié de trabajo ni de profesión, pero sí elaboré dos nuevas secuencias didácticas para implementar en el aula: una, con El espejo africano de Liliana Bodoc, y otra, con Odd y los gigantes de hielo, de Neil Gaiman, dos autores a quienes admiro mucho. Mis alumnos trabajaron bien, los disfrutaron, y a mí me trajo aire fresco el renovar el programa y no "tocar de oído".
- Y hablando de tocar... no, no me propuse convertirme en una gran música -ya uno en casa es suficiente- pero sí quise aprender un nuevo instrumento, me compré el tin whistle y hace varios meses que vengo practicando algunas canciones con tutoriales de YouTube.
- Como desde hacía años me costaba conciliar el sueño los domingos a la noche, decidí convertirlos en "noche de película para una". Es un rato donde elijo alguna peli que tengo ganas de ver, y aunque termine acostándome tarde, duermo la misma cantidad de horas que antes con el beneficio de que se me extiende simbólicamente el fin de semana.

¿Qué me gustaría lograr este 2019?

De la pileta no me saca nadie.
- No me propongo simplemente "sostener el ejercicio", ya que vengo haciendo natación desde hace 2 años de manera casi ininterrumpida y lo considero un objetivo bien cumplido. Para este año quiero dos pequeños cambios: uno, mejorar mi brazada de crol; dos, hacer una experiencia de nado en aguas abiertas (algo que en mi club se organiza para noviembre, tengo mucho tiempo para prepararme).
- No me propongo publicar un libro de ficción, algo que hace años está en mi lista de pendientes. Pero sí un cuento breve, nuevo, ¿tal vez un fanzine?
- No me propongo borrarme de todas las redes sociales, que me quitan mucho tiempo. Pero sí pasar menos tiempo conectada. ¿Establecer horarios "computer-free"?
- No me propongo salir solos con mi pareja una vez al mes: misión imposible destinada al fracaso. Pero sí una vez cada tres meses en lugar de una cada seis, tal vez agendar la cita previamente con mucha anticipación. ¡La primera ya la tenemos!!! Nos vamos a ver a Paul McCartney en marzo.

Y no, no me puse objetivos puntuales en los que a maternidad se refiere. Mi objetivo es seguir viendo crecer a mis hijos y tratar por mi parte de que se sientan felices y seguros. Las pequeñas acciones para lograrlo son las que vamos descubriendo juntos día a día.

¡Muy feliz año para todos!

martes, 21 de agosto de 2018

Acerca del embarazo y el deseo de maternar

En estos últimos tiempos, venimos viendo en vilo a la sociedad latinoamericana respecto a la legalización del aborto. En mi país la ley (aún) no ha sido aprobada. El debate continúa. La lucha persiste. Los abortos clandestinos ocurren y han ocurrido en cualquier época, se cargan con la vida de mujeres pobres, y por lo menos por mi parte entiendo que más allá de la postura personal que cada uno pueda tener, se trata de un problema de salud pública.
Pero, claro, la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo jode mucho a un sector. Más allá de los argumentos religiosos y éticos (recordemos que lo que se viene discutiendo no es abortar o no abortar, sino hacerlo en forma legal o clandestina), lo que está en juego es ni nada más ni nada menos que el deseo. El deseo sexual de la mujer, claro. Pero además, el deseo de maternar o de no maternar.
"La maternidad será deseada, o no será" vs. "Si abriste las piernas, jodete"
¿Qué lugar le damos a este deseo? La maternidad, algo que después nos cambiará la vida que llevamos para siempre y que modificará drásticamente quiénes somos, ¿puede ser producto de una imposición social y legal? Para algunos, decir que la maternidad únicamente puede partir del propio deseo es una idea peligrosa. Y me puse a pensar por qué.
Creo que tiene que ver con que la posibilidad de elegir continuar un embarazo, o no continuarlo, nos interpela a cada uno sobre nuestro propio deseo. Es importante recordar que, si el aborto pasara a ser legal, esto de ningún modo obligaría a nadie a abortar. Pero a much@s pareciera aterrarles el siquiera poder planteárselo.

"Pretenden que no nazcan más pobres". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos de madres exitosas y económicamente bien paradas? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Una madre puede tener que quitarse el pan de la boca para alimentar a su hijo y aún así, desearlo y amarlo como nadie.
"La legalización del aborto es eugenesia". ¿Hablamos de que solo nazcan bebés sanos? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un bebé puede nacer con una enfermedad grave, o con una discapacidad e igual ser amado, deseado y defendido, incluso ante recomendaciones médicas.
"Si falla el método, jodete". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos planificados cuidadosamente, cual Gattaca? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un embarazo puede ser producto del azar, o incluso del error, y hacer despertar el amor y el deseo de mater-paternar. A veces, de inmediato. Y otras veces, en algún momento durante el embarazo. Y otras veces, la confianza en que el deseo aparezca puede ser suficiente hasta darnos paciencia y aguardar al parto.

Embarazo buscado, ¿hijo deseado?
Si tenés hijos deseados, queridos, si tu maternidad es -como tengo la dicha de que lo sea la mía- producto del más profundo deseo, seguramente estarás de acuerdo conmigo en que se trata de una felicidad incomparable. Difícil ponerse en el lugar de quien no quiere jamás tener hijos. Difícil, ¡pero no imposible! Basta con recordar que no todos somos iguales, no todos queremos lo mismo.
Y aún siendo madre o padre por libre elección, sabés que eso no le quita las partes difíciles. Sabés que el deseo de maternar no es permanente ni fijo, que hay días en que podés amar a tus hij@s, pero detestar tu mater-paternidad. Que lo que prima en esos momentos no es el deseo, sino la responsabilidad y el hacerte cargo. Ahora, imaginate por un minuto que ese deseo tan fuerte no hubiese existido en primer lugar. Que solo quedaran la imposición y la carga.
Si deseás tener hijos y no los tenés (aún) por el motivo que sea... en nada te afecta lo que otros u otras puedan desear. Buscá alguien que comparta tu deseo. Y si no lo encontrás, la ciencia y/o la adopción pueden permitirte concretar tu deseo. Pero ninguna mujer debería ser forzada a gestarte un hijo contra su voluntad.

¿El deseo necesariamente implica planificación previa?
Si tuviste un hijo sin haber buscado ese embarazo, si fue producto de un accidente -en el mejor de los casos- y aún así te hiciste cargo y lo sacaste adelante, o si decidiste sobrellevar 9 meses de embarazo y después darlo en adopción, ¡felicitaciones! ¡Bien por vos! Pero sería bueno que entiendas que no todos comparten tu decisión. Y que no está en vos cambiarles la cabeza y mucho menos, obligarlos a que tomen la misma decisión que tomaste en su momento.
Y si quedás embarazada y no estás segura de qué hacer, no deberías sentir que una ley te obliga a tomar ninguna determinación. Quien decide seguir adelante con un embarazo, lo hace. De nuevo, el deseo no es algo fijo y predeterminado. El deseo puede cambiar. El deseo puede nacer de golpe, ante las dos rayitas del test, y aún cuando esa gestación no haya sido buscada puede convertirse en un hijo deseado y querido.

Pero, ¿y si esto no ocurre? ¿Si hay embarazo en caso de abuso? ¿Si peligra la vida de la madre? ¿Si ese embrión no es compatible con la vida fuera del útero? ¿Si falló el método anticonceptivo pese a todas las precauciones? ¿Si el deseo de no tenerlo es más fuerte? ¿Se debería continuar con ese embarazo por un imperativo religioso, ético o moral? Me parece que en todo caso, esa respuesta la tiene la persona gestante. Yo creo saber lo que decidiría si fuera yo la que estuviera en cada una de estas situaciones. Pero bueno, yo soy yo.

Mientras tanto, en Argentina, 38 senadores siguen eligiendo en nombre de todas nosotras.
¿Hasta cuándo?

miércoles, 13 de junio de 2018

La condena social

Encontré esa imagen en Twitter, a propósito por el debate por el aborto legal en mi país. 

Yo le agregaría algunos más (perdón que no sepa dibujar):

- "Yo tengo hijos y también trabajo afuera" ---> ¡Abandónica! ¿Cómo podés permitir que otros los críen por vos? Después no te quejes si les lavan la cabeza...
- "Yo soy madre a tiempo completo" ---> ¡Vaga! ¿Qué hacés todo el día? Dejá de rascarte y andá a laburar.
- "Tengo una familia numerosa" ---> Qué inconsciente... como si sobraran recursos en el planeta, ¿es que no sabés cuidarte? ¿No tenés un hobby?
- "Yo me quedé con un solo hijo" ---> ¡Pobrecito! ¿Y lo vas a dejar así, solito?
- "Fui madre soltera por elección" ---> Ah, qué te creés, ¿que tener hijos es un pasatiempo? ¿Quién sos para negarle a ese chico la posibilidad de tener un padre?
- "El padre me dejó, fui madre soltera, ahora formé pareja" ---> ¿Y no estarás descuidando a tu hijo? ¡No vayas a meter a cualquiera en tu casa!
- "Quiero ser madre y no puedo, recurro a un tratamiento" ---> Tal vez no le digan nada, pero pensarán "Peeero... con la cantidad de chicos que hay que esperan ser adoptados..."

¿Hasta cuándo?

martes, 9 de enero de 2018

Cerrado por vacaciones

Nunca como hoy entendí tanto esta tira de Quino☺
Corriendo hasta último momento para dejar la casa mínimamente en orden, para arreglar quién se ocupa de darle de comer a la gata, para hacer las últimas compritas -no, estas fueron las últimas, esperá, me olvidé una cosita, y ya que estás, comprá tambien... - para armar una gigantesca valija donde hubieran bien podido entrar mis dos hijitos bastante cómodos, para hacer un último lavado de ropa, para terminar la novela que me quedan 30 páginas nomás, para cargar la batería de la vieja cámara de fotos, para llevar el gordo a la guardia (porque no podía ser que nos fuéramos de vacaciones sin fiebre y broncoespasmo de por medio, ¿o sí?).
Y creo que solamente con las 5 o 6 horas de viaje que tenemos en micro mañana tendré para un laaaaaargo post...
No importa. Estoy contenta.

¡Nos leemos a la vuelta! 

martes, 19 de diciembre de 2017

Cumpleaños y replanteo de resoluciones

En este blog he hablado de los cumpleaños de mi hija mayor, del de mi Quiqui, hasta del de su papá, pero el mío como que pasa desapercibido. Como me ocurre en la vida fuera de la pantalla, desde que soy mamá ya mucho que no le doy bola. ¿Será porque después de los 30 dejó de entusiasmarme soplar las velitas? No, creo que en realidad es porque llego tan cansada a esta época que no tengo ganas de ponerme a organizar grandes planes, en especial cuando hace una semana atrás estábamos festejando el de Dani y dentro de una semana más, estaremos en plena Navidad.
¡Me la paso soplando velitas!
Pero esta fecha no me pasa desapercibida. No me da lo mismo estar cumpliendo los 36. Me gusta mucho que sea mi cumpleaños aún cuando no tenga demasiadas ganas de planificar un gran festejo. Me entusiasma que vengan mis amigos y mi familia a visitarme. Y me pega bastante descubrir que ya pasó otro año, que ya tengo que añadir el "todavía" a la frase "soy joven". Dani lo soltó la otra vez en un almuerzo: "Mami, papi, ¿están empezando a hacerse viejitos?"

Esta vez se me ocurrió revisar aquella lista de resoluciones que armé hace casi un año y me doy cuenta de que el tiempo no pasó en vano: algunas las cumplí al pie de la letra, otras no tanto, otras para nada, pero me sirvieron para aprender y para tratar de mejorar la puntería cuando haga falta. Por ejemplo...

FAMILIA: Juego bastante con mis hijos (aunque no me pongo el reloj con eso de los 30 minutos diarios). Descubrí que un buen momento es cuando el papá da sus clases particulares de los viernes. Me encierro con los nenes en su cuarto y no tengo nada más que hacer que verlos jugar y compartir sus juegos. No hicimos tantos paseos especiales como me hubiera gustado, pero ahí el que nos falló este año fue nuestro viejo autito... y aún así, pudimos hacer algunos lindos. Lo que todavía no consigo es leerle un libro entero al gordo: ¡lo manotea antes! 
PAREJA: Salimos solos una vez al mes  por semestre. Y no, no es fácil todavía encontrar ratos para nosotros. Este año funcionamos más que nunca como team mom&dad. Estamos los dos agotados por la falta de sueño y la falta de plata. Creo que la buena noticia es que seguimos casados. Si no nos divorciamos hasta ahora, creo que somos irrompibles, ja.
TRABAJO: Excelente. Creo que fue el mejor año de mi vida en lo laboral. Cumplí con todos y cada uno de mis objetivos. Solo necesitaría ganar más plata.
AMIGOS: Igual que los ratos de juego con mis hijos, no cumplí con la frecuencia aunque creo que sí con la calidad. 
SALUD Y BELLEZA: Otro objetivo logrado fue el de sostener la natación durante todo el año. ¡Estoy orgullosa de haberme propuesto mantener el ejercicio y no haberlo dejado! Me encanta ir a nadar, es un rato para mí. Además, recuperé mi peso de antes de quedar embarazada... y comiendo chocotortas, debo decir. Así como puedo sostener la actividad física, para las dietas no tengo ninguna voluntad. Prefiero entrenar más y seguir comiendo lo que me gusta. Y ya no me siento una mamá zaparrastrosa.
VOCACIÓN: De nuevo, la escritura profesional se come a la escritura por placer. No hubo taller literario este año... aunque sí pude seguir escribiendo en este espacio, y eso también vale.

Todavía no me tracé objetivos muy claros para 2018. Pero estoy más que contenta con los objetivos que sí pude cumplir antes de mis 36. 

Y ahora sí, ¡feliz cumple para esta Mami Reloaded! ;)

lunes, 1 de mayo de 2017

Mamá poderosa, mamá impotente

Dicen que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y más allá de que atribuyamos esa frase a Voltaire o al Hombre Araña, es muy cierta cuando de la maternidad se trata. Nada te hace sentir tan poderosa como la capacidad de engendrar, gestar y traer al mundo una vida. Nada te hace sentir tan vulnerable, desamparada e insegura como tener que sostener y criar a un bebé indefenso al que de repente te ponen entre tus brazos.

Ser mamá es sentirte poderosa. Por ejemplo:
- Cuando Dani me dice "reina" y mira todo lo que hago con admiración: "las reinas cocinan muy bien, como vos, mamá", "las reinas saben lavar la ropa y ordenar la casa" (sí, justamente, me la imagino a Máxima doblando las camisas del rey Guillermo...).
- Cuando alguno de mis hijos llora, y basta con un abrazo sanador para tranquilizarlo.
- Cuando Quiqui, pese a que está hecho un torito de ocho kilos y medio que ya come de todo y que aprendió a tomar la mamadera en el jardín, sigue buscando mi pecho para dormirse, y siento en el hueco de mi brazo todo su calor.
- Cuando Dani me da la mano para cruzar la calle y confía plenamente en mí.
- Cuando me dice que cuando sea grande, también quiere ser mamá, y sé que lo dice porque me mira y quiere ser como yo cuando crezca.
- Cuando Quiqui se despierta al lado mío (nos hemos resignado a un colecho parcial para poder dormir los tres hasta la mañana), me mira con esa sonrisa plena y parece que me diera las gracias por un nuevo día de vida...

Y ser mamá también es sentir el peor de los miedos, el de la impotencia, el no poder proteger a tus hijos, el no poder prever lo que vendrá. En estos días, con la humanidad que parece al borde de una tercera guerra mundial, mi peor miedo es que mis hijos crezcan en un mundo devastado por la violencia. O el miedo que me quita el aire: que no tengan oportunidad de crecer. 
O sin ir tan lejos, siento miedo cuando nos enteramos de crímenes atroces contra las mujeres que sacuden a diario mi país, como el de Araceli o el de Micaela, que me hacen temer por el día en que mi hija camine sola por la calle. Que hasta me hacen temer no ser capaz de educar a un varón en un mundo machista sin convertirlo, a su vez, en un machista. 
Y los miedos chiquitos, los problemas de salud cotidianos con los que lidiamos, en los cuales hay que mantenerse firme, segura y tranquila para a su vez, transmitirles eso a los chicos.

Ser mamá es oscilar entre saberse poderosa y sentir que no tenemos el control sobre nada. A veces cuesta mantener un equilibrio saludable.
Pero es justamente de lo que se trata.

lunes, 6 de febrero de 2017

Tetas

Sí, hoy quiero hablar de las tetas.

Están en boca de todos últimamente (y no, por más que este sea un blog de maternidad no hablo solo de los bebés). Hace pocos días, en Argentina fue noticia un procedimiento policial en una playa, en el que se desplegaron ¡20 agentes! todo por unas chicas que habían decidido tomar sol en topless. El hecho, que por mi parte no puedo calificar más que de exagerado y ridículo, recibió repercusiones en todos los medios. Muchísimos hablaron de los motivos detrás del accionar de las mujeres. Muchos menos saltaron a preguntarse qué deberían haber estado haciendo esos veinte policías mientras se preocupaban porque las chicas se taparan o se fueran de la playa.
Foto tomada de la nota del diario La Nación.

Además de las agresiones del personal policial en cuestión, de los insultos de otras mujeres en la playa o de hombres que decían "no podés estar en tetas, loca" o cosas así de suavecitas, las mujeres en cuestión debieron soportar más insultos y denigraciones en los medios de comunicación, en especial en los comentarios de los lectores. Que se lo buscaron, que con eso quieren "provocar", que es una "agresión", etc. 

Todo por haber expuesto sus pechos al sol. Probablemente, para disfrutar de un buen bronceado. Como hacen tantas mujeres de diferentes culturas, estas chicas no sintieron que haya de qué avergonzarse.

Pero las tetas asustan. Interpelan. Provocan reacciones. Y no todas agradables.

Son el emblema de la femineidad. Su función biológica en nuestro cuerpo es clarísima: alimentar a nuestros cachorros. Y sin embargo, occidente ha hecho de ellas algo con tanta carga sexual como los órganos genitales (no faltaron, a propósito del episodio de Necochea, hombres que sin entender nada dijeran cosas como "si ellas se ponen en tetas nosotros tendríamos que mostrar el pene"). Como si fuesen lo mismo. Como si, cada vez que algún exhibicionista decide apoyar a una mujer en el colectivo o mostrar lo suyo delante de una nena de escuela primaria hubiera ¡qué digo 20! ¿2 policías alertas, al menos?

Las mujeres no agredimos físicamente con nuestras tetas. Tampoco lo estaban haciendo las chicas de la playa. La queja de los bañistas era por "impudicia", "exhibicionismo", "atentado a la moral". La misma queja hubiera sufrido alguien de la época victoriana por dejar ver, no sé, los tobillos.

El problema no es si las tetas se deben mostrar u ocultar. Las tetas son, las tetas están. Nadie en esa playa veía un seno por primera vez. El problema es que cuando las tetas se muestran en un show televisivo que lidera el rating, que es todo menos un show de baile, conducido por un tipo misógino que cosifica a la mujer, entonces está buenísimo. Cuando las tetas están en función de ser juguetes del varón, todo bien. Obvio, siempre y cuando sean un par grande, prolijito, siliconado. No vale mostrar tetas caídas. Ni estriadas. Ni desparejas. No vale mostrar tetas reales. No vale mostrarlas cuando la que quiere disfrutarlas es la propia mujer (recibiendo, en este caso, la caricia del sol). ¿Que las veían los chicos? Para ellos, la teta es lo más natural del mundo. O debería serlo. Los que la desnaturalizamos somos los adultos.

Ni las mamás en plena función maternante nos salvamos. Hace unos meses, unas agentes de policía quisieron detener a una chica que amamantaba a su bebé en una plaza en San Isidro. Las repercusiones fueron enormes ("teteadas" solidarias, comentarios en apoyo de la chica en su mayoría). Claro que acá los pechos cumplen la función alimentaria, y entonces son menos los que se alzan en su contra. Pero que los hay, los hay. Más cuando el amamantado ya no es un bebito pequeño sino un nene algo mayorcito, que "ya podría comer un choripán, qué necesidad de estar dándole la teta delante de todo el mundo....". Como si las tetas fueran de interés nacional, y no solamente de la mamá y -al menos momentáneamente- del niño interesado.

(Reconozco que yo misma, hace unos años, cuando amamantaba a Dani en un lugar público, me tapaba y sentía cierto pudor. Con Quiqui (casi) no. Cada vez menos. Todavía un poquito. Pero estoy tratando de superarlo).

Creo que asistimos, desde el fenómeno #NiUnaMenos, ahora vigente también a nivel internacional como lo demostró la marcha de las mujeres en protesta contra Trump, a una revolución feminista. Una nueva revolución feminista debería decir, para no menospreciar las luchas y las conquistas de las mujeres en el pasado. Y, como en toda revolución, cuando un grupo hasta ahora oprimido comienza a alzarse, el grupo opresor aprieta más fuerte. Y además de anécdotas como lo de la playa de Necochea o la plaza en San Isidro, vemos crímenes cada vez más aberrantes hacia las mujeres. ¿Será que hay mayor visibilización de la violencia de género que antes? ¿O se estará recrudeciendo? El patriarcado amenazado, defendiéndose con uñas y dientes.

Por si hace falta quiero aclarar que con dos grupos no me refiero a hombres por un lado y mujeres por el otro. Hablo de una ideología de género patriarcal por un lado, y una ideología feminista cada vez más consciente por el otro. De la última también forman parte cada vez más hombres, sobre todo los jóvenes, que son quienes seguramente encontrarán su lugar en una sociedad igualitaria que les permitirá mostrar a pleno su sensibilidad, ejercer la paternidad con compromiso y amor, elegir su orientación sexual con mayor libertad y trabajar y vestirse como quieran. De mi parte, haré todo para que mis dos hijos formen parte de este grupo.
Y de la vieja ideología patriarcal, que creo que está destinada a caer (aunque antes, como perro viejo, muerda, desgarre y lastime), lamentablemente no solo forman parte los hombres machistas que crecieron con "coronita", sino tantas mujeres... como las que señalaban a las chicas en la playa, como las policías que quisieron detener a la mamá, como las que siguen comentando que no hay por qué "provocar" a los varones (¿no será que los varones deben dejar de sexualizar y objetivar a las mujeres?), como las que miran el Bailando... y hablan mal de tal o cuál chica... Y esto me preocupa más. A veces todavía pareciera que somos nuestras propias enemigas en lugar de aliadas.

Comencemos por aceptarnos entre nosotras si queremos ser plenamente aceptadas.
Las tetas son cosa de cada una. Tus tetas son tuyas. No de la opinión pública.

¿Tenemos que salir a la calle a mostrarlas para hacernos oír? Sí. O no. Como cada una quiera, si con ello no daña a nadie.

Pero no callemos. No nos guardemos. Que no nos asusten. Que no nos dé miedo ser tildadas de "feminazis". Que no temamos perder nuestra esencia femenina: al contrario, abracemos esa esencia, sintamos cómo nos hermana. Incluso con las que no piensan igual que nosotras. Las que somos madres, las que no quisieran serlo jamás, las que aman a otras mujeres, las que preferirían seguir siendo siempre amas de casa, las que salen con muchos hombres, las que prefieren la abstinencia, las que se operan para verse jóvenes, las que deciden dar mamadera, las que cobran por mostrar o prestar su cuerpo, las que militan, las que dicen descreer de toda ideología.

Vos. Yo. Nosotras.