¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.
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martes, 19 de diciembre de 2017

Cumpleaños y replanteo de resoluciones

En este blog he hablado de los cumpleaños de mi hija mayor, del de mi Quiqui, hasta del de su papá, pero el mío como que pasa desapercibido. Como me ocurre en la vida fuera de la pantalla, desde que soy mamá ya mucho que no le doy bola. ¿Será porque después de los 30 dejó de entusiasmarme soplar las velitas? No, creo que en realidad es porque llego tan cansada a esta época que no tengo ganas de ponerme a organizar grandes planes, en especial cuando hace una semana atrás estábamos festejando el de Dani y dentro de una semana más, estaremos en plena Navidad.
¡Me la paso soplando velitas!
Pero esta fecha no me pasa desapercibida. No me da lo mismo estar cumpliendo los 36. Me gusta mucho que sea mi cumpleaños aún cuando no tenga demasiadas ganas de planificar un gran festejo. Me entusiasma que vengan mis amigos y mi familia a visitarme. Y me pega bastante descubrir que ya pasó otro año, que ya tengo que añadir el "todavía" a la frase "soy joven". Dani lo soltó la otra vez en un almuerzo: "Mami, papi, ¿están empezando a hacerse viejitos?"

Esta vez se me ocurrió revisar aquella lista de resoluciones que armé hace casi un año y me doy cuenta de que el tiempo no pasó en vano: algunas las cumplí al pie de la letra, otras no tanto, otras para nada, pero me sirvieron para aprender y para tratar de mejorar la puntería cuando haga falta. Por ejemplo...

FAMILIA: Juego bastante con mis hijos (aunque no me pongo el reloj con eso de los 30 minutos diarios). Descubrí que un buen momento es cuando el papá da sus clases particulares de los viernes. Me encierro con los nenes en su cuarto y no tengo nada más que hacer que verlos jugar y compartir sus juegos. No hicimos tantos paseos especiales como me hubiera gustado, pero ahí el que nos falló este año fue nuestro viejo autito... y aún así, pudimos hacer algunos lindos. Lo que todavía no consigo es leerle un libro entero al gordo: ¡lo manotea antes! 
PAREJA: Salimos solos una vez al mes  por semestre. Y no, no es fácil todavía encontrar ratos para nosotros. Este año funcionamos más que nunca como team mom&dad. Estamos los dos agotados por la falta de sueño y la falta de plata. Creo que la buena noticia es que seguimos casados. Si no nos divorciamos hasta ahora, creo que somos irrompibles, ja.
TRABAJO: Excelente. Creo que fue el mejor año de mi vida en lo laboral. Cumplí con todos y cada uno de mis objetivos. Solo necesitaría ganar más plata.
AMIGOS: Igual que los ratos de juego con mis hijos, no cumplí con la frecuencia aunque creo que sí con la calidad. 
SALUD Y BELLEZA: Otro objetivo logrado fue el de sostener la natación durante todo el año. ¡Estoy orgullosa de haberme propuesto mantener el ejercicio y no haberlo dejado! Me encanta ir a nadar, es un rato para mí. Además, recuperé mi peso de antes de quedar embarazada... y comiendo chocotortas, debo decir. Así como puedo sostener la actividad física, para las dietas no tengo ninguna voluntad. Prefiero entrenar más y seguir comiendo lo que me gusta. Y ya no me siento una mamá zaparrastrosa.
VOCACIÓN: De nuevo, la escritura profesional se come a la escritura por placer. No hubo taller literario este año... aunque sí pude seguir escribiendo en este espacio, y eso también vale.

Todavía no me tracé objetivos muy claros para 2018. Pero estoy más que contenta con los objetivos que sí pude cumplir antes de mis 36. 

Y ahora sí, ¡feliz cumple para esta Mami Reloaded! ;)

jueves, 23 de marzo de 2017

007. Licencia para maternar.

En pocos días vuelvo al trabajo. Estoy a punto de concluir mi licencia por maternidad. Y me siento muy agradecida. Soy una privilegiada por haber podido disfrutar tanto tiempo en casa con mi bebé. En mi país, la mayoría de las empleadas tiene apenas 45 días antes del parto y 45 días después, si es que quiere cobrar. Yo, por ser docente, fui beneficiaria de una licencia mucho más larga: sumada a los días de verano, estuve más de cinco meses con Quiqui, además de las 6 semanas previas. Ahora que se está terminando, me doy cuenta de que fue una época hermosa que siempre voy a recordar.

Sí, aumenté bastante...
No empecé esta licencia con demasiadas expectativas, en el sentido que, al tener ya una nena a mi cuidado, sabía que no iba a servirme demasiado para descansar. De hecho, las primeras semanas, cuando Quiqui seguía creciendo en mi panza (y yo alcanzaba el peso récord de... 80 kilos), sentía que me lo pasaba yendo y viniendo del jardín a casa y de casa al jardín. El trayecto de 7 cuadras se me empezó a hacer difícil y los últimos días ya íbamos ¡en colectivo! Durante la jornada simple de jardín de mi chiquita mayor, aprovechaba y me tiraba en la cama a leer un rato, o a ver La Niñera por decimosexta vez, o a comer, porque no solo con un bebé se consigue subir 20 kilos de peso en menos de 9 meses...

Quiqui nació unos pocos días antes de la fecha prevista, y las primeras semanas casi no salí de casa porque nos tocó un octubre frío y lluvioso. Fundamental la ayuda de Papi Reloaded y de los abuelos para sostener a Dani mientras yo me recuperaba después del parto. El puerperio nunca es fácil por la cantidad de cambios hormonales, los dolores, la falta de sueño, etc. pero como ya conté en su momento, lo pude disfrutar bastante. Me tocó un bebé dormilón y que llora bastante poco. Mi rutina volvió a incluir la ida y la vuelta al jardín, pero ahora con cochecito y bebé incluidos. Cuando Dani estaba en el jardín, Quiqui y yo paseábamos, me tomaba un helado mientras él dormía en el cochecito, o volvíamos a casa y escuchábamos música celta mientras compartíamos largos ratos de teta y de mimos.

Pasó el verano, con lo bueno y lo malo, y de a poco el año fue arrancando. Primero volvió a trabajar mi marido, y tuve un par de semanas sola con los chicos, medio largas, donde hacía demasiado calor para salir a la plaza. Después, Dani volvió al jardín, que le hace tanto bien y al que extrañó tanto, y Quiqui y yo recuperamos ratitos a solas. Pero también a él le tocó comenzar su adaptación al maternal -cosa que resultó más fácil para el bebé de lo que me imaginaba, pero a mí me costó varias lágrimas y buenas dosis de culpa. En estos días aproveché esos ratos a solas para ir a nadar o para escribir. Y ya me estoy haciendo la idea de volver a trabajar.

Souvenirs que prepararon
mis alumnos para mi despedida
Sé que va a ser un nuevo reajuste. Me va a pesar volver a levantarme de la cama antes de que salga el sol, a veces sin haber dormido mucho durante la noche. Pero disfruto mucho de mi profesión, me hace bien vincularme con mis alumnos y adoro la literatura. ¿Cómo no va a ser bueno para mí? Me viene a la memoria la última vez que estuve con los chicos, me organizaron un precioso Baby Shower junto con la directora del cole, me hicieron regalitos, me dijeron lo mucho que me iban a extrañar... y por feliz que fue esta etapa de mi licencia, sé que la etapa que viene ahora también va a ser linda. Mi lugar de trabajo es mi espacio propio, tengo excelentes compañeros, siento que puedo ser yo misma, y que si de a ratos extraño a mis pichones voy a estar contenida -o demasiado ocupada para dejarme llevar por la nostalgia.

Y que volver a pasar algunas horas por día sin mis hijos, es la mejor receta para disfrutar más las horas que sí paso junto a ellos, cuidándolos y viéndolos crecer vertiginosamente rápido.

viernes, 28 de octubre de 2016

Brotes de crecimiento -o cómo mi adorable bebito se transformó en el niño sanguijuela

Anoche mi dulce Quiqui activó el modo sopapa: no se me despega de la teta. No logré dormir más de una hora seguida, que él se volvía a despertar y se prendía por una hora y media más. Y nada de cerrar los ojos y relajarse, tomaba como desesperado, con hociqueos y gruñidos de chanchito. Me resigné a tenerlo prendido al pecho y a pasar una de esas noches sin descanso a las que Dani en su momento me tuvo acostumbrada.

Y es que hace poco comprendí el tema de los brotes (o crisis) de crecimiento de los bebés. Parece que hay tres muy importantes que se suelen dar en todos los chicos más o menos para la misma época: a las 3, a las 6 y a las 12 semanas de vida aproximadamente. La primera, la de las tres semanas, es la que le toca atravesar a mi bebé. Simplemente, él está más grande y necesita más leche de la que viene tomando hasta ahora. Es cuestión de ponerlo a tomar todo lo que él me pida para que mi cuerpo en pocos días aprenda que debe producir más y todo se vuelva a normalizar. Mientras tanto, resignarme a que por estos días Quiqui se ha convertido en el bebé sanguijuela.

¿En qué me cambia ser mamá de dos? Esta misma crisis la debo haber atravesado con Dani y hoy no la recuerdo. Sí me doy cuenta de la diferencia de tener una buena pediatra para que te ayude a sostener la lactancia. El doctor de Dani era un excelente profesional, pero un señor muy mayor y con una visión muy clásica de la crianza: abogaba por "ordenarle las tomas", que "no me use la teta de chupete", y a la vez, me reconocía que la nena lloraba porque tenía hambre. ¿Qué hacer? En su caso, terminé recurriendo a la leche de fórmula en carísimas cajitas (el famoso "complemento"). Ahora, la nueva pediatra me dice que no me preocupe tanto, que si mi bebé pide teta quince veces le dé teta quince veces, que tiene menos de un mes, no lo estoy malcriando ni creando malos hábitos.

Por ahora, tengo muy firme mi propósito de sostener la lactancia cueste lo que cueste. Y, a diferencia de lo que me pasó en mi primera maternidad, una crisis de crecimiento no me genera angustia (aunque sí muuucho sueño), no me desespero, no siento ganas de salir corriendo, sino simplemente de sentarme a escribir.

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Se puede disfrutar del puerperio?

Puerperio. Es una palabra que, hasta que no te toca atravesarla, casi no forma parte de nuestro vocabulario. El puerperio es muy real pero está disimulado, a diferencia de la menstruación, del embarazo, del parto. ¿Se espera que cuando una mujer tiene a su bebé salga de la clínica divina, maquillada, calzando el jean elastizado que hace 7 meses que no le entra y que el bebé duerma de corrido para que los padres puedan salir de joda pronto? ¿O no tanto?

Creo que así pensaba yo después de haber tenido a Dani. Los primeros días -excepto que en vez de días serían semanas o meses- como madre se me hicieron eternos, sentí que todo lo que yo era, todo lo que me gustaba hacer, todo se había ido no sé a dónde, y esta que quedaba acá ya no era yo misma. No me encontraba, no me reconocía. Por eso, moría de ganas porque el puerperio pasara lo antes posible: dentro de X días voy a poder volver a salir, dentro de X semanas podemos sacarla a pasear, dentro de X meses ya va a dormir de corrido, etc. Estas expectativas, apenas hace falta aclararlo, no siempre se cumplieron. Y por eso viví mis primeros meses de maternidad con mucha ansiedad y frustración.

El hecho de haber tenido una hijita tan despierta (literalmente despierta, dormía poquísimo desde bebita) y la privación consecuente de sueño no me ayudaron. Hubiera dado cualquier cosa por adelantar el tiempo. Quería que todo pasara rápido: que durmiera, sobre todo, pero también que nos permitiera volver a salir, que sostuviera sola la cabeza para no tener que tenerla permanentemente en brazos, que pudiera tomar mamadera pronto para poder dejársela a una abuela, que superara la edad de los cólicos, que comiera sólidos para que no dependiera tanto de mi teta.... Solo con terapia logré relajarme (mínimamente) y sentir que las cosas mejoraban con el paso de los meses. Pero aún hoy me siento culpable por no haber disfrutado más y mejor de la primera infancia de Dani. A veces siento que la cargué de ansiedad, siempre esperando tenerla un pasito más adelante del que le estaba tocando atravesar.

A ver, en principio cualquier puerperio es una etapa difícil. Nadie diría que es lo más lindo de tener un hijo. Una está medio endeble después del parto (escuché que con cesárea la recuperación es todavía más lenta). Todavía nos sobran kilos por todos lados. La casa es un caos. Hay pilas de ropa de bebé para lavar acumulándose por los rincones. Nunca encontrás el momento para sentarte a la mesa y compartir una comida en familia. No dormís bien (o directamente, no dormís). El bebé llora mucho.

Pero de esta segunda experiencia vengo aprendiendo que es posible encontrar paz en algunos momentos. La clave está en aceptar las cosas como vienen. ¿No se puede salir con el bebé durante el primer mes porque casi no tiene defensas? A disfrutar de quedarse en casa. ¿Nos quedó la panza floja después de parir? Estoy dando la teta, no me jodan, a relajarse y darse un festín de delivery y facturas. ¿Durmió tres horas de corrido? ¡Maravilloso! No se le puede pedir más a esta altura. ¿Vienen visitas? A aprovechar para conversar con otros adultos (aunque probablemente te la pases hablando de tu bebé). ¿Estás dolorida por los puntos? Aprovechá para quedarte en la cama mientras tu pareja pueda darte una manito. ¿El bebé llora por los cólicos? Paciencia... y pensá en que son algo normal de su desarrollo que quedará pronto en el olvido (si recordara todo lo que me tocó pasar con Dani, dudo de que graciosamente hubiera elegido tener un segundo hijo...).

Tal vez sea que esta vez me tocó un bebé más tranquilo, pero no la vengo pasando tan mal. Entonces, pienso que tal vez (solo tal vez) se puede disfrutar del puerperio... siempre y cuando no pretendamos que sea algo que no es.