¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.
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martes, 21 de agosto de 2018

Acerca del embarazo y el deseo de maternar

En estos últimos tiempos, venimos viendo en vilo a la sociedad latinoamericana respecto a la legalización del aborto. En mi país la ley (aún) no ha sido aprobada. El debate continúa. La lucha persiste. Los abortos clandestinos ocurren y han ocurrido en cualquier época, se cargan con la vida de mujeres pobres, y por lo menos por mi parte entiendo que más allá de la postura personal que cada uno pueda tener, se trata de un problema de salud pública.
Pero, claro, la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo jode mucho a un sector. Más allá de los argumentos religiosos y éticos (recordemos que lo que se viene discutiendo no es abortar o no abortar, sino hacerlo en forma legal o clandestina), lo que está en juego es ni nada más ni nada menos que el deseo. El deseo sexual de la mujer, claro. Pero además, el deseo de maternar o de no maternar.
"La maternidad será deseada, o no será" vs. "Si abriste las piernas, jodete"
¿Qué lugar le damos a este deseo? La maternidad, algo que después nos cambiará la vida que llevamos para siempre y que modificará drásticamente quiénes somos, ¿puede ser producto de una imposición social y legal? Para algunos, decir que la maternidad únicamente puede partir del propio deseo es una idea peligrosa. Y me puse a pensar por qué.
Creo que tiene que ver con que la posibilidad de elegir continuar un embarazo, o no continuarlo, nos interpela a cada uno sobre nuestro propio deseo. Es importante recordar que, si el aborto pasara a ser legal, esto de ningún modo obligaría a nadie a abortar. Pero a much@s pareciera aterrarles el siquiera poder planteárselo.

"Pretenden que no nazcan más pobres". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos de madres exitosas y económicamente bien paradas? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Una madre puede tener que quitarse el pan de la boca para alimentar a su hijo y aún así, desearlo y amarlo como nadie.
"La legalización del aborto es eugenesia". ¿Hablamos de que solo nazcan bebés sanos? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un bebé puede nacer con una enfermedad grave, o con una discapacidad e igual ser amado, deseado y defendido, incluso ante recomendaciones médicas.
"Si falla el método, jodete". ¿Hablamos de que solo nazcan hijos planificados cuidadosamente, cual Gattaca? No, hablamos de que nazcan hijos deseados. Un embarazo puede ser producto del azar, o incluso del error, y hacer despertar el amor y el deseo de mater-paternar. A veces, de inmediato. Y otras veces, en algún momento durante el embarazo. Y otras veces, la confianza en que el deseo aparezca puede ser suficiente hasta darnos paciencia y aguardar al parto.

Embarazo buscado, ¿hijo deseado?
Si tenés hijos deseados, queridos, si tu maternidad es -como tengo la dicha de que lo sea la mía- producto del más profundo deseo, seguramente estarás de acuerdo conmigo en que se trata de una felicidad incomparable. Difícil ponerse en el lugar de quien no quiere jamás tener hijos. Difícil, ¡pero no imposible! Basta con recordar que no todos somos iguales, no todos queremos lo mismo.
Y aún siendo madre o padre por libre elección, sabés que eso no le quita las partes difíciles. Sabés que el deseo de maternar no es permanente ni fijo, que hay días en que podés amar a tus hij@s, pero detestar tu mater-paternidad. Que lo que prima en esos momentos no es el deseo, sino la responsabilidad y el hacerte cargo. Ahora, imaginate por un minuto que ese deseo tan fuerte no hubiese existido en primer lugar. Que solo quedaran la imposición y la carga.
Si deseás tener hijos y no los tenés (aún) por el motivo que sea... en nada te afecta lo que otros u otras puedan desear. Buscá alguien que comparta tu deseo. Y si no lo encontrás, la ciencia y/o la adopción pueden permitirte concretar tu deseo. Pero ninguna mujer debería ser forzada a gestarte un hijo contra su voluntad.

¿El deseo necesariamente implica planificación previa?
Si tuviste un hijo sin haber buscado ese embarazo, si fue producto de un accidente -en el mejor de los casos- y aún así te hiciste cargo y lo sacaste adelante, o si decidiste sobrellevar 9 meses de embarazo y después darlo en adopción, ¡felicitaciones! ¡Bien por vos! Pero sería bueno que entiendas que no todos comparten tu decisión. Y que no está en vos cambiarles la cabeza y mucho menos, obligarlos a que tomen la misma decisión que tomaste en su momento.
Y si quedás embarazada y no estás segura de qué hacer, no deberías sentir que una ley te obliga a tomar ninguna determinación. Quien decide seguir adelante con un embarazo, lo hace. De nuevo, el deseo no es algo fijo y predeterminado. El deseo puede cambiar. El deseo puede nacer de golpe, ante las dos rayitas del test, y aún cuando esa gestación no haya sido buscada puede convertirse en un hijo deseado y querido.

Pero, ¿y si esto no ocurre? ¿Si hay embarazo en caso de abuso? ¿Si peligra la vida de la madre? ¿Si ese embrión no es compatible con la vida fuera del útero? ¿Si falló el método anticonceptivo pese a todas las precauciones? ¿Si el deseo de no tenerlo es más fuerte? ¿Se debería continuar con ese embarazo por un imperativo religioso, ético o moral? Me parece que en todo caso, esa respuesta la tiene la persona gestante. Yo creo saber lo que decidiría si fuera yo la que estuviera en cada una de estas situaciones. Pero bueno, yo soy yo.

Mientras tanto, en Argentina, 38 senadores siguen eligiendo en nombre de todas nosotras.
¿Hasta cuándo?

jueves, 2 de agosto de 2018

Top 5 de frases para el olvido que me tocó escuchar siendo madre

Opinar es gratis. Es más, hay gente que piensa que si se queda callada, le van a cobrar por NO opinar... ¿no es así? ¿Y por qué les cuesta tanto ahorrarse ciertos comentarios hirientes, ofensivos o directamente, ridículos, frente a una embarazada o una mamá? Lo cierto es que a todas las madres que conozco (1) les ha pasado de escuchar toneladas de recomendaciones, sugerencias, consejos, críticas, reproches, etc. referidos a su manera de criar. ¿Las peores? Aquellas que vienen de gente sin hijos y las provenientes de desconocidos.
Hoy una amiga publicó un interesante artículo en relación a las críticas que recibe la lactancia materna. Me inspiró para recopilar mi propio top 5 de frases que me tocó recibir durante mi maternidad:

5) "¿Estás tejiendo? No tenés que hacerlo embarazada. Se le va a enredar el cordón al bebé", dicho por una desconocida en el colectivo. Parece ser que es un mito muy extendido en algunos países. De más está decir que tejer en el embarazo es fabuloso. Pero no me faltó la sugerencia de una persona muy cercana de "consultarlo antes con el médico". ¡Ja!
4) "Este cuello [uterino] está horrible". Palabras textuales de mi ginecóloga en la semana 39 de embarazo. Se refería, claro, a que todavía estaba cerrado, sin dilatación, y parecía que faltaba una eternidad para el parto -FYI dilaté naturalmente 10 centímetros 4 días después. De cualquier manera, ¿tenés que usar precisamente ese adjetivo? 
3) "¿Cómo que es nena? ¡Pero si no tiene aritos!" Y sus múltiples variantes. Debí haberle respondido: "uy, menos mal que usted me avisa, señora, y yo asignándole un género porque nació con vagina, ahora me doy cuenta de que hasta que elle misme no lo decida, es une bebé". Mirá cómo me vengo a dar cuenta de que, en lugar de una desconocida metida, era una feminista de la cuarta ola avant la lettre
2) "No te quejes. Es tu decisión estar cansada. Siempre tenés la opción de ponerte tapones en los oídos, cerrar la puerta y dejarla llorar." Mi propio padre, por teléfono a 10.000 kilómetros de distancia, cuando tuve el descaro de decirle que no daba más después de tantas noches sin dormir... con mi bebita de un mes. No se le puede pedir que esté al tanto de las tendencias de criar con apego o que cite a Rosa Jové, decididamente. Pero ¿tampoco empatía con una puérpera con baby blues y privación del sueño?
1) "Ay, pero mirá qué machona", otra desconocida cuestionando a mi hija con tono despectivo, esta vez con la nena ya de cuatro años, que salía del colegio despeinada y con las rodillas sucias después de educación física. Solo atiné a abrazar a Dani, decirle "vamos, no escuches, mi amor". Me arrepiento de no haber agarrado a esa infeliz de los pelos. 

Adivina, adivinador... ¿qué tienen en común las 5 frases? ¡Adivinaron! Todas ellas se refieren a mi primera maternidad. Desde que soy mamá por segunda vez, no digo que no haya habido frases negativas, malintencionadas, agresivas o ridículas, pero sí estoy convencida de que las filtro mejor porque, ¿saben qué? no registré ni una.

¿Cuáles fueron las peores frases que te tocó escuchar referidas a tu manera de ser madre?


(1) Padres varones, no es por hacerlos a un lado, pero no sé de ninguno que haya sido afectado por comentaritis compulsiva en su entorno. De ser así, ¿me lo cuentan?

sábado, 28 de julio de 2018

Cuando mis hij@s eran un secreto

La noche previa al primer Evatest de Dani, con el futuro Papi Reloaded fuimos a un recital, de los tantos que nos gustaba ver antes de que nuestras noches se transformaran para siempre. Habíamos comprado el test en una farmacia a pocas cuadras del lugar. Después lo metí en mi cartera y disfrutamos de la música. Me acuerdo de haberle dicho "si da positivo, este va a haber sido el primer recital de nuestro futuro hijo". Así fue.
Dos hijos después, esa pancita que en aquel momento
lucía, ya me quedó de recuerdo permanente...
Ese 8 de abril era domingo de Pascua. Me desperté temprano y me hice el test. Me temblaban las manos y las rodillas. Ya había hecho uno el mes pasado y había dado negativo. Veníamos de varios, largos meses de búsqueda. Ya una médica me había dicho que, con mis valores de TSH, "no vas a quedar embarazada, o si quedás los vas a perder en el primer trimestre". Habíamos salido corriendo de ese consultorio, en busca de una segunda opinión. La nueva doctora me dijo que solo tenía que relajarme. Y ese domingo, vi las dos rayitas antes de que el cronómetro marcara los proverbiales dos minutos.
Recuerdo sentirme tan rara, tan rara... ese almuerzo familiar, con Javier nos mirábamos sabiéndonos dueños de un secreto. Después de todos esos meses de búsqueda, ambos habíamos acordado no decir nada hasta pasado el período de mayor riesgo. Igual mi mamá lo supo enseguida, aunque se lo dije muy asustada porque esa semana había tenido un pico de presión alta y tenía mucho miedo de que el festejo no nos durara.
Esas primeras semanas las recuerdo borrosas. De esperar los estudios, de sentir los primeros síntomas (ganas de hacer pis a cada rato y sueño, mucho). De ver la ecografía con la estrellita titilando. De empezar a hablar hacia dentro con ese bebé que comenzaba a formarse, y que presentía varón -me equivocaba. 
Se fueron cumpliendo las semanas, y poco a poco nos animamos a dar la noticia: a mi hermana, el día de su cumpleaños, le dije que su regalo era... ¡un sobrino! A mi suegra y a la familia de Javi, todos juntos aprovechando un cumpleaños familiar. A los amigos, uno por uno a medida que nos encontrábamos. A mi propia familia extendida se lo conté más tarde, porque estaba esperando que mi papá regresara de su viaje (viaje que se prolongó en ausencia definitiva, se terminó enterando por Skype y solo me vio embarazada el día previo a dar a luz). En mi trabajo, lo fueron adivinando mis compañeras con el correr de las semanas. 
Recuerdo el día en que nos hicimos la NT Plus, semana 12, que por primera vez alguien me cedió el asiento en el colectivo. Ahí, mi embarazo definitivamente dejó de ser mi secreto y se transformó en mi orgullo.

Con Quiqui todo fue más tranquilo. No me temblaron las manos al hacerme la prueba, es más, dejé que Javi siguiera durmiendo y lo desperté sonriente, diciéndole "vas a ser papá de nuevo". Yo lo presentía desde una semana antes, cuando un perrito me mordió, me tuvieron que dar un antibiótico y yo le dije a la médica de guardia que cabía la posibilidad de que estuviera embarazada. Me lo cambió por otro. No tenía ni tres semanas de embarazo, pero ya lo estaba cuidando a mi bebé.
Misma ropa, distinto bebé... la panza de Quiqui apareció al toque.
Ese 14 de febrero no se lo dijimos a nadie... mentira, le mandé un mensaje de texto a mi mejor amiga con este mensaje "shhhh... dos rayitas". No me acuerdo cuándo ni cómo fuimos dando la noticia a la familia, aunque la que tardó un poco en saberlo fue Dani, que con tres años y pico se puso muy contenta de que iba a ser hermana mayor. Nos alivió su entusiasmo, aunque comprendimos que ella no tenía ni idea de la que se le venía. En mi trabajo pretendí guardar el secreto, pero mi barriguita incipiente -¡de escasas seis semanas!- y un feroz ataque de náuseas enseguida me deschavaron. Mi papá, de nuevo, fue el último en enterarse: me vio en uno de sus viajes y, sin que le dijera nada, me dijo "es un varón". Él no se equivocaba.

Hoy recuerdo con alegría y serenidad esas primeras semanas, aunque en su momento tuve mucha ansiedad y miedo, sobre todo la primera vez. Entiendo a las parejas que prefieren guardar el secreto, aunque también comparto la urgencia de contarlo que tienen aquellas que enseguida lo hacen público. Como ocurre con otras cuestiones de la mater-paternidad, no hay una única respuesta correcta sino que lo más indicado es hacer lo que cada uno siente.

¿Cómo fueron esos primeros días, cuando supieron del embarazo?

lunes, 27 de marzo de 2017

Mi biblioteca de maternidad

Amo leer. Fui lectora desde mucho antes de ser madre. Y lo seguiré siendo toda mi vida.

Desde el día en que supe que estaba embarazada de Dani  decidimos buscar el primer embarazo, me puse a leer todo lo que cayó entre mis manos acerca del tema. Acerca del embarazo, la maternidad, la crianza de niños, la lactancia o temas más particulares, como las técnicas para masajear un bebé, el yoga en el embarazo o recetas de cocina para bebés y niños. Algunos libros me los compré, otros me los regalaron. Muchos quedaron olvidados en los avatares de la maternidad real. La mayoría los regalé o los vendí antes de mi segundo embarazo, porque no me pareció que ameritaran una segunda lectura. Sin embargo, algunos pocos los conservo todavía en mi biblioteca, ya sea porque me siguen resultando útiles (son los menos), porque le pueden servir a alguna persona querida en un futuro cercano, o bien porque les tengo cariño por lo que significaron en su momento. Aquí comparto algunos de los libros que me ayudaron, de una u otra forma, en los años que llevo siendo mamá.

Larousse del Embarazo: Me compré este bodoque de quichicientos veintinosecuántos kilos la misma semana en la que hicimos nuestra consulta prenatal (pasarían varios meses hasta que el test de embarazo diera positivo). Es un compendio muy extenso y completo sobre la concepción, el embarazo, todo lo que te espera en cuanto síntomas y demás, y el primer año del bebé (estadía en la maternidad en adelante). También hay capítulos sobre la visión del padre. Más allá de que descreo del futuro de las enciclopedias en papel, esta la voy a guardar toda la vida ya que las páginas de atrás venían en blanco para que una registrara su diario de embarazo, y así lo hice con Dani, semana a semana. Un recuerdo que atesoraré toda la vida.
Yoga, embarazo y plenitud, de David Lifar: Me lo regaló una compañera de trabajo cuando le conté que estaba haciendo yoga para embarazadas. Es un librito ameno y sencillo, ideal para acompañarte en la práctica (pero que obviamente no suple las clases de yoga).

Voices from the woumb,de Einat L.K:  No encontré traducción. Es un librito que me bajé gratis para leer en el Kindle cuando estaba embarazada de Quiqui, en parte porque sentía algo de culpa por ese segundo embarazo que me estaba pasando casi desapercibido. Es un librito de esos del embarazo semana a semana, con la particularidad de que está narrado por el propio bebé. Me ayudaba a reconectarme un poco con esa vida que crecía en mi interior y a la que le dediqué mucho menos lecturas que a la de su hermana mayor.

La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman: Me pasa algo raro con este libro. Me peleo constantemente con la autora, algunas de sus ideas me parecen neomachistas, como que el bebé debe vivir "atado" al cuerpo de su madre durante por lo menos 9 meses más (¿y el trabajo? ¿Y el sexo? ¿Y las salidas al cine? ¿Todo puede esperar? ¿Por cuánto tiempo? ¿Y la depresión postparto?). Solo se puede seguir su doctrina si sos una mujer de clase alta que se puede permitir estar sin trabajar. Y sin embargo... algunas de las cosas que dice en este libro me quedaron resonando. Como esas sesiones de terapia que te pegan unos días después. Por algo no lo tiré, qué sé yo.

Guía (inútil) para madres primerizas, 1 y 2, de Ingrid Beck y Paula Rodríguez: Dos manuales antiayuda que se toman la maternidad con soda (o con jugo de limón, por lo ácidas). Y es que son libros que no pretenden resolver ninguno de tus dilemas, más que uno: saber qué contestarle a cualquiera que venga con consejitos, planteos, críticas o interrogatorios a tu manera de ser madre. Para vivir la experiencia con un poco de humor y sentirse menos sola en la angustia del puerperio o en los avatares de la crianza.


El sueño del bebé sin lágrimas, de Elizabeth Pantley: Este SÍ que me ayudó, me dio respuestas y hasta me sugirió cosas que pude poner en práctica. Esta autora brinda consejos, tácticas, estrategias y soluciones para ayudar a tus bebés a dormir más y mejor (y, por ende, descansar también nosotras). Yo, que no quise saber nada con Estivill y su método de dejar llorar a los chicos, pero que tampoco me resigné con Rosa Jove a que se me instalen en la cama y que duerman colgados de mi teta hasta los dos o tres años, encontré en este libro un equilibrio espectacular, porque no propone una solución mágica sino que da un repertorio variado donde cada una elige lo que mejor se adapte a la familia que le tocó. De la misma autora leí también uno específico sobre siestas y otro sobre el sueño del bebé recién nacido, que NO, no lo ayuda a dormir de corrido porque eso no es posible, pero sí te ayuda a entenderlo mejor y a que ese tiempo se haga más llevadero.

¿Conocían alguno de los libros de mi lista? ¿Leyeron / están leyendo algún libro sobre maternidad? ¿Cuál me recomendarían?

jueves, 23 de marzo de 2017

007. Licencia para maternar.

En pocos días vuelvo al trabajo. Estoy a punto de concluir mi licencia por maternidad. Y me siento muy agradecida. Soy una privilegiada por haber podido disfrutar tanto tiempo en casa con mi bebé. En mi país, la mayoría de las empleadas tiene apenas 45 días antes del parto y 45 días después, si es que quiere cobrar. Yo, por ser docente, fui beneficiaria de una licencia mucho más larga: sumada a los días de verano, estuve más de cinco meses con Quiqui, además de las 6 semanas previas. Ahora que se está terminando, me doy cuenta de que fue una época hermosa que siempre voy a recordar.

Sí, aumenté bastante...
No empecé esta licencia con demasiadas expectativas, en el sentido que, al tener ya una nena a mi cuidado, sabía que no iba a servirme demasiado para descansar. De hecho, las primeras semanas, cuando Quiqui seguía creciendo en mi panza (y yo alcanzaba el peso récord de... 80 kilos), sentía que me lo pasaba yendo y viniendo del jardín a casa y de casa al jardín. El trayecto de 7 cuadras se me empezó a hacer difícil y los últimos días ya íbamos ¡en colectivo! Durante la jornada simple de jardín de mi chiquita mayor, aprovechaba y me tiraba en la cama a leer un rato, o a ver La Niñera por decimosexta vez, o a comer, porque no solo con un bebé se consigue subir 20 kilos de peso en menos de 9 meses...

Quiqui nació unos pocos días antes de la fecha prevista, y las primeras semanas casi no salí de casa porque nos tocó un octubre frío y lluvioso. Fundamental la ayuda de Papi Reloaded y de los abuelos para sostener a Dani mientras yo me recuperaba después del parto. El puerperio nunca es fácil por la cantidad de cambios hormonales, los dolores, la falta de sueño, etc. pero como ya conté en su momento, lo pude disfrutar bastante. Me tocó un bebé dormilón y que llora bastante poco. Mi rutina volvió a incluir la ida y la vuelta al jardín, pero ahora con cochecito y bebé incluidos. Cuando Dani estaba en el jardín, Quiqui y yo paseábamos, me tomaba un helado mientras él dormía en el cochecito, o volvíamos a casa y escuchábamos música celta mientras compartíamos largos ratos de teta y de mimos.

Pasó el verano, con lo bueno y lo malo, y de a poco el año fue arrancando. Primero volvió a trabajar mi marido, y tuve un par de semanas sola con los chicos, medio largas, donde hacía demasiado calor para salir a la plaza. Después, Dani volvió al jardín, que le hace tanto bien y al que extrañó tanto, y Quiqui y yo recuperamos ratitos a solas. Pero también a él le tocó comenzar su adaptación al maternal -cosa que resultó más fácil para el bebé de lo que me imaginaba, pero a mí me costó varias lágrimas y buenas dosis de culpa. En estos días aproveché esos ratos a solas para ir a nadar o para escribir. Y ya me estoy haciendo la idea de volver a trabajar.

Souvenirs que prepararon
mis alumnos para mi despedida
Sé que va a ser un nuevo reajuste. Me va a pesar volver a levantarme de la cama antes de que salga el sol, a veces sin haber dormido mucho durante la noche. Pero disfruto mucho de mi profesión, me hace bien vincularme con mis alumnos y adoro la literatura. ¿Cómo no va a ser bueno para mí? Me viene a la memoria la última vez que estuve con los chicos, me organizaron un precioso Baby Shower junto con la directora del cole, me hicieron regalitos, me dijeron lo mucho que me iban a extrañar... y por feliz que fue esta etapa de mi licencia, sé que la etapa que viene ahora también va a ser linda. Mi lugar de trabajo es mi espacio propio, tengo excelentes compañeros, siento que puedo ser yo misma, y que si de a ratos extraño a mis pichones voy a estar contenida -o demasiado ocupada para dejarme llevar por la nostalgia.

Y que volver a pasar algunas horas por día sin mis hijos, es la mejor receta para disfrutar más las horas que sí paso junto a ellos, cuidándolos y viéndolos crecer vertiginosamente rápido.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Lograr un embarazo, lograr otro embarazo

Hoy en el blog de Babycenter estuve leyendo sobre infertilidad secundaria, el problema que muchas mujeres tienen para quedar embarazadas por segunda vez. Es algo bastante común por ser la edad que tenemos al momento de concebir un factor tan clave. Cada vez somos más las que postergamos la maternidad hasta después de los 30, y a partir de los 35 y más aún después de los 40, las chances de concebir naturalmente van raleando.

En mi caso, fue al revés. Les cuento.

Ya dejé en claro en varias entradas que soy una persona muy ansiosa, y creo que el año en el que comencé a buscar mi primer embarazo esa ansiedad alcanzó un pico. Comencé haciéndome unos estudios de rutina con mi ginecóloga de entonces, a quien no le gustó un valor en mi análisis de sangre: "con la tiroides así, no vas a quedar embarazada, y si quedás, los vas a perder", ¿pueden creer que me lo tiró así por la cabeza? Fui a ver a un endocrinólogo, quien me relativizó el problema. Me dijo que mi tiroides era "un poco perezosa" pero que no iba a impedirme tener bebés. Cuando volví con mi doctora para contarle eso, ella insistió: "bueh, probá, fijate... para mí no vas a quedar". ¿Hace falta que aclare que salí llorando de la consulta? ¿Tengo que explicar por qué se me disparó la ansiedad de esa manera? 
Dani a las 20 semanas.

Y obvio, el embarazo no llegaba. Pasaban los meses y cada menstruación era un duelo.

Pero las cosas cambiaron. Ese año tuve la suerte de dar con una buena terapia y de tratar mi ansiedad por primera vez como lo que era: ansiedad. Ya lo expliqué hace un tiempo: siempre había creído que yo era como era por mi personalidad. Cada vez que me angustiaba me decía "esto soy yo". Con esa terapia pude reconocer "esto NO soy yo, esta es mi ansiedad, y NO le voy a hacer caso". Y tampoco a la doctora mala onda (especialista en infertilidad, por cierto...).

Cambié de doctora. Un mes después, Dani estaba en camino.

Quiqui más o menos en la misma época.
Igual, y aunque jamás la volví a ver, el tiempo me demostró que la doctora mala onda algo de razón tenía. Para planificar mi segundo embarazo fui con el endocrinólogo que, al verme ya con 34 años, sí me dio la medicación. Y Quiqui llegó en apenas un par de meses de búsqueda. Pero me pregunto, cuánto tuvo que ver mi tiroides perezosa, y cuánto el haber aprendido a lidiar un poco mejor con mi ansiedad...

Por cierto, mis dos embarazos fueron hermosos.


lunes, 17 de octubre de 2016

Tejer

Me reconozco como una persona muy ansiosa. Lo padezco desde que soy muy chica y me cansé de escuchar a los demás quejarse de mi pesimismo y de mi tendencia a anticipar desgracias. De hecho, recibir hace algunos años un diagnóstico profesional de TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada) fue más un alivio que otra cosa. Me explico, no es que "yo fuera así" por ser yo, sino que muchas de las características más molestas de mi personalidad eran atribuibles, justamente, a mi ansiedad. No era "marianismo" esa vocecita interior que me decía que un dolor de cabeza era una aneurisma a punto de estallar, o que el mundo se iba a terminar el 21/12/12 según una supuesta profecía maya, o que si mi marido no respondía el celular era porque lo habían asaltado: era mi ansiedad.

Reconocer mi trastorno de ansiedad, comenzar a tratarlo y sentir cómo mi vida mejoraba fueron, casi casi, la misma cosa. De todas maneras, varios años después sé que la ansiedad es algo con lo que deberé convivir de por vida, algo tal vez sin lo cual no sería quien soy, que también me ha ayudado a ponerme las pilas con muchas cosas (ser organizada, cumplir plazos, aprender a trazar metas realistas, llegar a determinados objetivos, etc.)

Y, por supuesto, como madre no pude otra cosa más que ser ansiosa. En mi primer embarazo (y bastante menos en este segundo) tachaba los días del primer trimestre pensando que cada uno que pasaba mi bebé tenía más chances de nacer. Esperaba con ansiedad las consultas médicas con una lista de preguntas. Contaba los días que pasaban hasta la siguiente ecografía.
A la vez, no quería transmitirle esta ansiedad a mi bebé. Cuando estaba de 6 semanas de embarazo de Dani, tuve un pico de presión alta. Cardiólogo y holter de por medio, la conclusión fue la siguiente: estás cagada en las patas. Bajá un cambio si no querés que todo eso le llegue al bebé.
Me ayudó mucho comenzar a hacer yoga de embarazadas, para centrarme en el presente (si bien no tanto como me gustaría, pero algo es algo). Busqué conectarme con la respiración y con el ahora. Y cada vez que me aparecía un pensamiento cuco, me repetía a mí misma: "no es una premonición, no son poderes proféticos, es solamente tu ansiedad, no le hagas caso".

Comenzando la manta de Dani, si Fiona me deja.
Pues bien, otro de los recursos que me ayudó a paliar mi ansiedad, a conectarme con el momento presente y a bajar un cambio en mis pensamientos -tanto los negativos como los positivos, porque lo cierto es que mi cabeza siempre va a mil y a veces me agota, además de agotar a quienes tengo a mi alrededor- fue el que le da título a esta entrada: aprender a tejer. Estaba embarazada de pocos meses de Dani cuando una compañera de trabajo me enseñó los primeros pasos básicos, como ser montar los puntos, hacer la trama básica santa clara y revés, cerrarlos. Con ella y con algunos tutoriales de Youtube como este, logré terminar -en varios meses- mi primera mantita para mi hija.

Desde entonces, le he hecho a ella un gorrito, unas polainas y dos bufandas, además de mantas para varios bebés de familiares, amigas y colegas, más bufandas para mi hermana, para la madrina de mi hija, para mi marido, para mi mamá...
Con Quiqui fue la primera vez que tejí con hilo, ya que lo esperábamos para una época del año más cálida. Fuimos a comprar el material con Dani, que me ayudó a elegir un color que le fuera a gustar al "hermanito menor". Empecé la manta junto con mi licencia por maternidad, y tejiendo un rato cada día, la terminé un par de semanas antes de que él naciera.

Proyecto terminado.
Tejer me ayuda a bajar mi ansiedad porque me conecta con lo que estoy haciendo. Mantiene mis manos ocupadas y mi mente más libre. Me relaja, me ayuda incluso a conciliar pronto el sueño y a dormir mejor. Siempre me gusta tejer un rato antes de tomar una siesta reparadora. Y lo veo como un pasatiempo productivo, ya que cuando termina todo, te queda una cosa hermosa terminada, no como ocurre con esas granjas o ciudades virtuales de los jueguitos de Facebook con los que tiempo atrás dejaba pasar las horas muertas...

Mi abuelo me dijo un día, respecto a mi tejido para mi bebé: "Cada punto es un beso que le da su mamá". Pero también es una palmadita de confianza, una caricia y un estímulo que me doy a mí misma.


domingo, 16 de octubre de 2016

Y se va la segunda

No soy una blogger primeriza.

Mucho, muchísimo tiempo atrás, fui la creadora de un blog de relativo éxito: me trajo muchos amigos, fama virtual (?), satisfacciones y automotivación para cumplir con importantes metas, como irme a vivir sola o terminar la facultad. Pero se cerró una etapa en mi vida y con ella, aquel blog. En su momento, dije que finalizaba un primer tomo. Hoy, decido emprender un segundo.

Y no elegí el momento por casualidad.

Durante estos años que estuve alejada del mundo de la blogósfera, pasaron muchas cosas importantes en mi vida: me casé, viajé bastante, profesionalmente me desarrollé  y reorienté mi carrera. Pero nada se compara con el hecho de haberme convertido en mamá. Primero llegó mi chiquita, Dani, que hoy ya se acerca a los 4 años. Y hace cosa de días, más exactamente una semana, nació Quiqui, mi segundo hijo.*

En estos años encontré en los blogs de maternidad un refugio, amistades, consejo, consuelo, más preguntas, todas cosas que hicieron más llevaderas mi vida como mamá primeriza, perfeccionista, insegura y ansiosa. Hasta ahora, no se me hubiera ocurrido que yo también podía tener mi propio blog. ¿Qué podía compartir como madre primeriza que otra bloguera no hubiera dicho mejor antes que yo?

Pero ahora tampoco soy una madre primeriza. Y esta maternidad me ha pegado por un lado muy distinto a la primera. Y dediqué muy poco tiempo de mi segundo embarazo a pensarlo, a soñar con mi bebé, a hablarle, a meditar. Y aún así, nació y nos conectamos enseguida. Entonces, me dieron ganas de registrar y de compartir estas experiencias como mami... reloaded.


*Comprenderán que los nombres de mis niños han sido levemente alterados para evitarles futuros dolores de cabeza y ahorrar en sesiones de sus respectivos psicoanalistas.