¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.
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viernes, 23 de junio de 2017

Papá en el parto, ¿sí o no?

Hace muy poquito leí un artículo que me impactó. Me quedé con la boca abierta cuando vi que su tesis principal es que los hombres NO pertenecen a la sala de partos, no deberían estar presentes en el nacimiento de sus hijos, y que esta moda que lleva poco más de 40 años atenta contra el desarrollo natural del parto y lleva a más intervenciones médicas innecesarias.
Michael Odent
"Qué machista el autor", es lo primero que pensé. "Claro, que la mujer se arregle sola, total es su problema, ¿no?". Pero no iba por ahí el artículo. Debí haberlo sospechado cuando vi quién era el autor: Michael Odent, destacado obstetra francés, uno de los mayores defensores del parto natural y humanizado.
Al contrario. A medida de que avanzaba en mi lectura, tuve que reconocer que, tal vez, haya algo de razón en lo que postula (mal que les pese a los papás que quieren sentirse parte, que están verdaderamente comprometidos con su paternidad desde el embarazo y que por nada del mundo se perderían ese primer llanto del bebé).

El artículo es muy extenso y lo encontré en inglés. Pueden leerlo acá. Pero les resumo las ideas principales para ver si seguimos el razonamiento:

- Siempre, los protagonistas del parto son la mamá y el bebé. El hombre tiene poco y nada que aportar en esa escena y hasta, por el contrario, puede obstaculizar más que otra cosa.
- Hasta los años 70, el parto era cosa de mujeres: la mamá, la comadrona, a lo sumo alguna parienta mujer que pueda ayudar. En esa década comenzaron a aparecer mujeres que solicitaban la ayuda del marido, coincidiendo con la hospitalización del parto, que fue trasladado del ámbito doméstico al médico. Claro -pienso yo- si voy a estar rodeada de médicos desconocidos, anestesistas, instrumentadoras y demás personal mirando mis partes íntimas, el marido o la pareja viene a funcionar como protección o refugio frente a esa sensación de desnudez, de vulnerabilidad...
No es precisamente parir en cuclillas al lado del río...
- Si bien se insistió por aquellos años en las supuestas ventajas que tiene para la familia la presencia del padre en el parto, ninguna de esas ventajas ha sido debidamente comprobada por ningún estudio. Esto no lo sabía. Una ventaja que se me ocurre es que, con papá en la sala de partos, nadie separa al bebé de ambos padres una vez que ha nacido. Pero los defensores del parto humanizado sostienen que, en principio, no habría por qué separarlo de la mamá en primer lugar.
- Con excepción de nosotras, ninguna hembra animal da a luz con el macho presente. Y la mujer durante el parto debe conectarse con su parte más primitiva y mamífera, dejando de lado la parte "pensante" del cerebro. Cosa que no puede hacer si está su pareja al lado preguntándole cómo se siente, si necesita algo, aún si está intentando ayudar. Es cierto que nadie te puede ayudar. Es un camino que recorremos solas, por más personas que tengamos atendiéndonos.
- El padre durante el parto no puede evitar segregar adrenalina, al estar ansioso por más que intente disimularlo con su mejor sonrisa. Esta descarga hormonal es "contagiosa" y por lo tanto genera que también la mujer produzca la hormona, que interfiere con la producción de oxitocina que es la otra hormona, la buena, la que permite que el parto avance. Inconscientemente, al transmitirle su nerviosismo, el hombre estaría impidiendo que la mujer se relaje: "He estado con muchas mujeres que luchan por dar a luz con su pareja al lado. Y en el momento en que él deja el cuarto, el bebé llega. Después, dicen que fue "mala suerte" que él no estuviera en el momento en que nació el hijo". Acá, mientras iba leyendo, me quedé helada, porque el autor parecía describir a la perfección lo que fue mi segundo parto. ¿Puede ser que tenga razón?
- La mujer también debe continuar relajada junto con su bebé en la última fase, cuando expulsa la placenta, y el hecho de que el hombre trate de tocar al nuevo bebé no hace sino interferir, una vez más.
- El autor enumera también razones concernientes al padre, que tienen que ver con la posibilidad de desarrollar también los hombres depresión posparto si se involucran demasiado, así como que pierdan atracción sexual por su pareja luego de haber estado presentes en el nacimiento. Gracias a Dios esto no nos tocó a nosotros, no conozco a nadie al que le haya pasado (pero bueno, calculo que tampoco es algo que uno discutiría abiertamente con sus amigos "desde que vi a mi mujer parir, no la toco ni con un palo"... mmmh, no).

Cada vez más mujeres eligen recurrir a las doulas.
Por supuesto que no se puede esperar que cualquier mujer dé a luz sola. ¿Qué propone el obstetra? Que nos acompañemos entre nosotras. Fortalecer el rol de la doula, o acompañante de partos. Recurrir a nuestras madres, hermanas, amigas, todas ellas acompañantes mucho más idóneas que el papá del bebé.
No sé todavía si termino de estar de acuerdo con esta tesis. Me siento mal por aquellos papás que no se limitaron a concebir, sino que han vivido todo el embarazo participando, acompañando y ayudando, y que de repente se ven privados de formar parte del nacimiento.
Pero sí creo que el parto es nuestro, de las mujeres. Que, en todo caso, toda mujer que va a dar a luz debería decidir, sabiendo de antemano cómo puede afectarla la presencia del padre, si quiere que él esté acompañándola o no. Apropiarnos de nuestro parto significa que nadie decida por nosotras, ni los médicos, ni la sociedad, ni las costumbres... ni siquiera nuestra pareja. Ya habrá tiempo, en todo caso, para que papá y bebé forjen ese apego fundamental.

¿Qué piensan? ¿Les parece lo mejor que el papá esté en la sala de partos? ¿Cómo fue cuando nacieron sus hijos?

martes, 18 de octubre de 2016

¿Es más fácil parir por segunda vez?

En estos días, esa pregunta me la hacen muchos de los que vienen a conocer a Quiqui. También yo me lo preguntaba durante el embarazo. Hablé con mi partera al respecto, así como con varias mamás que conozco que se han atrevido a ir por el segundo niño. Por mi parte, yo había crecido escuchando la historia de los partos de mi propia mamá. El mío (el de su hija mayor) fue bastante bravo: más de 12 horas de trabajo de parto luego de romper bolsa, yo terminé naciendo con forceps y mi mamá necesitando una transfusión. El de mi hermana, 17 meses más tarde, un parto "de película" según cuenta mi mamá: rápido, casi sin dolor, a pesar de que la beba pesó más de 4 kilos.

En mi caso, puedo decir que, definitivamente, este segundo parto fue más rápido. Yo con Dani había tenido un parto natural, tras 6 u 8 horas de dilatación y 2 más pujando en la sala de partos (si bien bajo efecto de la peridural no se me hizo tan tremendo como suena). Con Quiqui fueron solamente 2 horas y 40 minutos desde que me interné hasta que lo tuve en brazos. Nació en ¡dos pujos! y no llegaron a verlo salir al mundo ni su papá (que estaba terminando de ponerse el ambo para entrar) ni siquiera mi obstetra, que entró detrás de él. Me asistió una partera amorosa que me dio muchísimo ánimo pese a que nunca la había visto antes.

Ahora sí, lo que recuerdo de este último parto fueron unas primeras 2 horas de contracciones bastante manejables con la respiración (y donde me ayudó muchísimo el papá)... y unos 15 minutos de agonía mientras terminaba de dilatar y aún no había llegado el anestesista. De hecho, creo que casi no llegué a beneficiarme de la peridural esta vez, me la aplicaron y a los 2 minutos parí, así que dudo que haya llegado a hacerme efecto.

En esos 15 minutos creo que experimenté un dolor "concentrado", mayor incluso al que recuerdo del parto de Dani. Lo loco es que se trata de un dolor trascendental, de alguna manera una siente que es necesario (y lo es) para poder verle la carita a tu hijo y pocos minutos después, cuando tenés al bebé encima tuyo, todo resbaladizo como un pez y mirándote con cara de susto, ese dolor se olvida. Por cierto, de mis dos partos guardo idéntica sensación de orgullo y de logro cumplido.

Esta vez estuve más consciente que la primera que el parto es un trabajo de dos: de la madre y del bebé. Tampoco Quiqui la habrá pasado bien: con sus 3,890 kilos, se fracturó una clavícula al nacer. Hoy día está muy bien, se va a curar solo, pero para él no fue sencillo venir al mundo como para mí tampoco fue traerlo.

Entonces, ¿es fácil parir por segunda vez? En mi caso, puedo contestar que no. Pero para las amigas primerizas que me lo preguntan, respondería que el saber que tanto dolor tiene recompensa y el hecho de que sea más rápido todo, es razón más que válida para perderle el miedo a tener un segundo hijo.

domingo, 16 de octubre de 2016

Y se va la segunda

No soy una blogger primeriza.

Mucho, muchísimo tiempo atrás, fui la creadora de un blog de relativo éxito: me trajo muchos amigos, fama virtual (?), satisfacciones y automotivación para cumplir con importantes metas, como irme a vivir sola o terminar la facultad. Pero se cerró una etapa en mi vida y con ella, aquel blog. En su momento, dije que finalizaba un primer tomo. Hoy, decido emprender un segundo.

Y no elegí el momento por casualidad.

Durante estos años que estuve alejada del mundo de la blogósfera, pasaron muchas cosas importantes en mi vida: me casé, viajé bastante, profesionalmente me desarrollé  y reorienté mi carrera. Pero nada se compara con el hecho de haberme convertido en mamá. Primero llegó mi chiquita, Dani, que hoy ya se acerca a los 4 años. Y hace cosa de días, más exactamente una semana, nació Quiqui, mi segundo hijo.*

En estos años encontré en los blogs de maternidad un refugio, amistades, consejo, consuelo, más preguntas, todas cosas que hicieron más llevaderas mi vida como mamá primeriza, perfeccionista, insegura y ansiosa. Hasta ahora, no se me hubiera ocurrido que yo también podía tener mi propio blog. ¿Qué podía compartir como madre primeriza que otra bloguera no hubiera dicho mejor antes que yo?

Pero ahora tampoco soy una madre primeriza. Y esta maternidad me ha pegado por un lado muy distinto a la primera. Y dediqué muy poco tiempo de mi segundo embarazo a pensarlo, a soñar con mi bebé, a hablarle, a meditar. Y aún así, nació y nos conectamos enseguida. Entonces, me dieron ganas de registrar y de compartir estas experiencias como mami... reloaded.


*Comprenderán que los nombres de mis niños han sido levemente alterados para evitarles futuros dolores de cabeza y ahorrar en sesiones de sus respectivos psicoanalistas.