¿Para qué escribo? Para contar mi historia, una más entre tantas historias de madres, pero no una cualquiera porque es la que me toca. Para contactar madres o padres de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.
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miércoles, 19 de diciembre de 2018

A mis 37

A mis 37 aprendí...

- Que no hay nada más hermoso que dormir abrazada a tus hijos... por un ratito. Y que después puedan dormir tranquilos en su cama.
- Que siempre vale la pena acompañar al amor de tu vida en sus proyectos.
- Que hay heridas que dejan cicatrices, que hay abandonos y ausencias que siguen doliendo, por más psicoanálisis que le pongamos.
- Que ser feminista no solamente no es una postura extrema, sino que es la postura más saludable para criar tanto a mi hija como a mi hijo. Que es la única postura que no se pone del lado del opresor en un mundo tan injusto.
- Que ya no tengo por qué quedarme callada y dejar que en redes sociales me incomoden personas con las que no me tomaría un café fuera de la pantalla.
Que dos personas nunca ven exactamente el mismo arco iris.
- Que alguien a quien considerabas tu amiga puede traicionarte, y esto puede lastimarte más que un exnovio.
- Que es posible que me paguen bien por estudiar y aprender cosas nuevas acerca de lo que me gusta. Que de verdad soy buena escribiendo y que no tengo que guardar la falsa modestia (¡hay tantas otras cosas que no sé hacer bien!).
- Que hay algunos grupos de alumnos que te reconcilian con la profesión docente y que te hacen dar gracias a tu suerte cada vez que te toca entrar al aula a darles clase. Que podés aprender de ellos tanto o más que ellos de vos.
- Que me cuestan las transiciones y los finales de una etapa, ya sea propia o de mis chiquitos (bah, esto ya lo sabía desde hace rato).
- Que me cuesta escribir la palabra "transiciones" :P
- Que BoJack Horseman es alto programa.
- Que el tin whistle es un gran instrumento musical y que la música popular irlandesa es bellísima.
- Que una noche sin poder conciliar el sueño no es tan grave si te la pasás escribiendo.

Feliz cumpleaños a mí :)

viernes, 13 de julio de 2018

5 consejos para mamás primerizas

Soy una mamá "segundiza" y esto ha cambiado mucho mi forma de tomarme la maternidad. ¡Créanme que este blog sería muy distinto si lo hubiera escrito solamente con Dani en el mundo! Y no, no es que ahora que tengo dos niñ@s la tenga "re-clara" -porque día a día van surgiendo nuevas dudas, dilemas y cuestiones relacionadas con las etapas de crecimiento que les toque transitar. Pero me hubiera gustado, hace cinco años, tener alguna mamá amiga con un poco de experiencia que compartiera conmigo lo que le había tocado vivir. No fue el caso. 
Esta vez me toca a mí, que tengo dos amigas cercanas estrenándose en esto de la maternidad, que puedo invitarlas a leer estas viejas entradas con la esperanza de que se sientan acompañadas:

Este almohadón vale su peso en sonrisas.
Para pedirles a los reyes: artículos que facilitan la maternidad Capaz que ya te compraste todo, capaz que estás armando una lista de regalos, o dudando en si aniquilás tu tarjeta de crédito en MercadoLibre. ¿Valdrá la pena? Acá te cuento sobre los imprescindibles y los que son una pérdida de guita.


¿Se puede disfrutar del puerperio? Una etapa que desconocías hasta que te toca atravesarla. De la que se habla poco, donde a veces las demás personas te miran mal por quejarte. ¿No deberías ser la más feliz del mundo?

¡No sé qué hacer con mi bebé! Es hermoso, adorable, no me canso de mirarlo... ¿o sí? Ahora que estamos en casa todo el día cuidando al pequeño dormilón... ¿qué hacemos?

Ah, ahora SÍ dormís, ¿no?
Brotes de crecimiento -o cómo mi adorable bebito se transformó en el niño sanguijuela: ¿Por qué de repente un bebé de 3semanas, mes y medio, o 3 meses, se pone más demandante, pegote y llorón? ¿Es que estás produciendo menos leche? Nada de eso, amiga. Se trata de los poco conocidos brotes de crecimiento. Acá te cuento cómo lidié con ellos.

Instrucciones para dormir al bebé: No, obviamente que leer esto tampoco les va a servir de nada. Pero tal vez se sienten un poco acompañadas -y, ojalá, las hace sonreír después de una noche de mierda difícil.

Y un último consejo, aunque suene a frase hecha: el tiempo vuela. ¡Disfrútenlos a cada momento!


Este post va escrito (bah, recopilado) con mucho amor para Flor y para Mili, para Ceci y para René.

jueves, 9 de noviembre de 2017

¡Sus horas ya no siempre son las mías!

Fue una revelación repentina que tuve este mediodía, cuando me di cuenta de que, en 48 horas, mi hija tenía programa para almorzar en lo de una amiguita un día, con una de sus abuelas al día siguiente, quedarse a dormir esa misma noche con la otra abuela, y además un cumpleaños el sábado a la tarde. De repente las horas sin ella se me hicieron largas y la extrañé. No es la primera vez que Dani pasa una noche fuera de casa o hace una reunión de juegos, pero sí es la primera vez en que todos esos planes le vienen orquestados por otros, o los orquesta ella, y no soy yo la que hace malabares para conseguir que alguien "me la cuide" un rato, para conseguir algunas horitas libres. Tiene casi cinco años y cada vez tiene más vida social, más vida propia.
Esta misma semana, Dani fue con su sala de jardín a visitar el edificio de preescolar y de primaria, donde yo trabajo y donde ella asistirá el año que viene: "voy a visitar el cole de mamá", decía, hasta que yo le expliqué que ya no era solo el cole mío, que pronto iba a ser su cole. Por mi parte, procuré ni cruzármela por los pasillos, quiero que se apropie de ese espacio sin que yo interfiera. 
Con los amigos de su edad ya forman un mundo aparte.
El año que viene, en preescolar, va a haber varios mediodías como el de hoy, en el que ella no almuerce conmigo en casa sino que se quede en la escuela, con sus amigos. Y ya en primaria, cuando el doble turno sea cosa de todos los días, va a pasar cada vez menos horas en casa. Va a tener cada vez más planes de ella. Va a depender cada vez menos de mí y de su papá para divertirse, para pasar el tiempo, para aprender cosas nuevas...
Y acá estoy yo... De pronto se me vienen imágenes vertiginosas de un futuro no muy lejano, de Dani saliendo sola de la escuela, yendo a estudiar a casa de sus compañeros, haciendo sus propios planes para el fin de semana, pasando menos tiempo en casa y quizá viajando sola cuando vaya al secundario... ya sé que faltan años, pero no demasiados. Este lustro de maternidad que ya viví ahora me parece que se hubiera pasado volando.

Quiero que quede claro: me parece bien que esto pase. Está buenísimo que crezca. Y no tengo problemas en permitirle conquistar estos tiempos y estos espacios.
Pero también ¡me parece raro!
Y lo que me resulta raro es que me pasé buena parte de los primeros años con mi hija ansiando mis espacios, mis tiempos, buscando recuperar algunas horas libres para dedicarme a lo que me gustaba hacer a mí antes de ser mamá. Sentía que todas mis horas eran de ella y para ella. Y ahora, cuando de pronto tengo algunos ratos, ¡no sé muy bien qué hacer con ellos!
Es cierto, tengo al más chiquito, que por ahora me mantiene ocupada maternando, pero él también va a crecer. Me doy cuenta con asombro de que en cuatro o cinco años más, todas mis tardes serán como la de hoy. Ocupada escribiendo, corrigiendo trabajos de mis alumnos, viendo algo de televisión y descansando un rato, mientras espero que mis hijos vuelvan a casa para estar un rato con ellos. 
No es ninguna novedad, nos lo dicen todos, que hay que aprovechar cada ratito de la infancia de nuestros chicos, porque esta etapa se va para no volver. Hoy me doy cuenta con un poquito de nostalgia que Dani está cerrando la que fue su primera infancia. Que ya es una nena más grande y lo sabe. Y me hace saber que lo sabe: "mami, me parece más importante estar con mis amigos que con papá y con vos"... AUCH.
Nada, eso. Tengo que dejarla crecer y saber que su independencia es señal de que en estos cinco años supimos transmitirle confianza en sí misma y seguridad. Y para los momentos en los que me pica el bichito de la melancolía, como consuelo me queda escucharla decir, cuando planificamos sus salidas: "igual más tarde ustedes me vienen a buscar, ¿no?"

domingo, 30 de julio de 2017

Mis no-vacaciones como mamá

Hasta hace unos años, para mí las vacaciones significaban, ante todo, no tener que cumplir horarios: poder dormir hasta la hora que quería, salir hasta tarde o quedarme leyendo hasta que me vencía el sueño, hacer una maratón de series con mi pareja, salir a comer afuera, ir al cine, ni pensar en las responsabilidades... si había que hacer algo en la casa (pongamos, un arreglo de plomería) decíamos "no, esta semana no, que estamos de vacaciones, mejor la semana que viene...". A veces, hasta me aburría de estar sin hacer nada y adelantaba trabajo (!) para mi regreso. En fin, las vacaciones eran el momento de no tener que afrontar responsabilidades.

Y, claro, me convertí en mamá.
Y, claro, aprendí que las mamás no tenemos vacaciones. No, por lo menos, de ser madres.

Ellos sí descansaron (a veces).
Este año, por primera vez con dos hijitos en casa las 24 horas, me di cuenta de que hasta trabajé más que yendo al colegio. Las vacaciones no se sintieron como mías, sino de mis hijos. Los paseos que armamos los pensamos en función a ellos, a sus edades e intereses. Y, bueno, no faltó la enfermedad de turno (Quiqui repitió la bronquiolitis). ¿Dormir? Solo de a ratos, entre nebulizaciones, baños para bajar la fiebre y toses. Y todo se complicó porque nos quedamos sin el auto, que nos dejó a pata por primera vez en estos años. ¿Conclusión? No me alcanzaban las horas del día -ni de la noche- para maternar. 

Pero, a diferencia de lo que hubiera pensado si alguien me lo contaba antes de tener hijos, no fue algo malo. Es una etapa diferente. Se la puede disfrutar siempre y cuando uno no espere que sea algo que no es. Si mis expectativas hubieran estado puestas en largas noches durmiendo, en salidas a solas con mi pareja, en paseos en auto sin horario determinado (¡o fecha!) de regreso... bueno, lo cierto es que estas "no vacaciones" hubieran sido sumamente frustrantes.
Por cierto, los días de lluvia y de frío que me los pasé encerrada en casa cuidando al enano, sabiendo que medio aguinaldo se nos iba en arreglar al auto que tanta falta nos hubiera hecho justo ahora, sin salir más que para hacer las compras... bueno, digamos que extrañé el "descanso" de ir a trabajar y, al menos, cruzar cuatro palabras con otros adultos. Nos quedamos con las ganas de hacer una breve escapada y de disfrutar de más días al aire libre. Lo bueno es que Quiqui se repuso bastante rápido.
En cambio, estas son algunas de las cosas que nos propusimos hacer y que sí pudimos cumplir:

Descubriendo dinosaurios con sus primos.
- Hacer lindos paseos con los chicos: un museo de ciencias naturales, la Feria del Libro, ir a comer afuera los cuatro, cine, mucha plaza y calesita cuando el tiempo y los virus nos lo permitieron... Dani también tuvo un cumpleaños y una invitación a jugar para no extrañar tanto a los amiguitos del jardín.
¡Nada tan divertido
como cocinar juntas!
- Pasar tiempo en casa: Tanto el papá como yo acordamos en que no queríamos que 14 días de vacaciones se transformaran en 14 planes. No hay plata ni cuerpo que aguante. Creemos que estar en casa, jugar, cocinar juntos y hasta aburrirse un poco forman parte de las necesidades de los chicos de 4 años, como Dani. Y cumplimos. En ese sentido, la enfermedad de Quiqui no nos dejó mucha alternativa -aunque por suerte fueron solo algunos días. ¿Y saben qué? A Dani casi no la vi aburrirse: sí la vi dibujar, hacer collages, inventar juegos, ver películas, cocinar galletitas, disfrazarse y bailar.
Una tarde con la abuela
se convierte en un paseo más.
- La importancia de la familia extendida: Algunos días el plan simplemente consistió en visitar a alguno de todos sus abuelos. Dani se quedó a dormir una noche con mi mamá y no sé cuál de las dos lo pasó mejor. También vinieron a visitarnos su tía y su madrina. ¡Solamente el ver una cara querida diferente a la de mamá o papá a ella ya le hace una tarde!
Ver a mis amigos: Pude disfrutar de algunos ratos compartidos con amigos, y también Javi. Por ahí todavía no logramos disfrutar de los encuentros en grupo, pero cada uno tuvo sus espacios y momentos gracias a la ayuda del otro.
- Arreglar la casa: En este momento, cambiar el sillón del living por uno nuevo, o reorganizar el cuarto de los chicos para que tengan más lugar para jugar, no es algo que sea vivido como una tarea u obligación, sino como una inversión en vivir un poquito más cómodos. Así que esto fue un proyecto que nos pusimos para las vacaciones, y que también pudimos cumplir. Las vacaciones se van, la casa arregladita se queda.

Hermosos.
Pero, por sobre todas las cosas, procuré empaparme de estos momentos con nuestros hijos chiquitos. Si ya de a ratos Dani quería estar con sus amigos, no puedo dejar de pensar que de acá a unos años va a haber que sobornarlos para que acepten pasar algunos ratos con nosotros. Por ahora, Papi Reloaded y esta que escribe somos sus ídolos incondicionales, dependen de nosotros para todo y aunque de a ratos esto sea agobiante, también es halagador.

Mañana vuelvo al trabajo. También mi marido. Mañana, Dani y Quiqui vuelven a sus respectivos jardines de infantes. Las no-vacaciones se terminan. ¿Descansé? No sé si es la palabra correcta. ¿Disfruté? Creo que sí. Bastante. Todo lo que pude. Pienso que ver disfrutar a mis hijos, compartir con ellos estos momentos y pasar ratos de a cuatro en casa tal vez sea todo lo que necesitaba para recargar las pilas y empezar bien esta segunda mitad del año.

jueves, 20 de julio de 2017

Con una ayudita de mis amigos

"¿Nunca un post sobre tus amigxs?"la pregunta vino de parte de Lucas, padrino de Quiqui, a quien más que un amigo considero un hermano que me dio la vida. "Porque el mío es un blog de maternidad", le contesto. "Ah, o sea que para vos la maternidad es algo totalmente escindido de la amistad!", me tira. Me quedo pensando. 
La verdad es que sí, le digo. 
Me digo. 
Tiene razón, aunque es una verdad que me resulta por lo demás incómoda.

Lo cierto es que para mí, los amigos siempre fueron muy importantes. Tanto como la familia. Y, desde que soy mamá, paso muchísimo tiempo menos con ellos. A algunos los dejé de ver del todo. A otros los veo, pero con menos frecuencia. Y con la inmensa mayoría, siento que no me sale compartir gran parte de mi vida, que pasa por ser mamá y por criar a Dani y a Quiqui. Así como con mis hijos tampoco comparto (todavía) cosas como mi gusto por determinadas series, mi pasión por la lectura o mis juegos de rol, muchas veces siento que mi mundo de mamá es algo que puedo compartir poco y nada con mis amistades.

En realidad, habría que aclarar. Una cosa es mi relación con mis amigas mamás, otra cosa con mis mamás amigas (no, no son lo mismo) y otra muy distinta, la amistad con mis amigos sin hijos (que, por esas cosas de la vida, son amplia mayoría).
Mis amigas mamás son dos, son las únicas de mi círculo de amistades que también tienen hijos de edades similares a los míos. Las adoro, podemos hablar de todos nuestros avatares como madres. Muchas veces reunirnos nos sirve como catarsis, para sentir que estamos menos solas, que a todas nos pasa lo mismo. Una de ellas vive muy lejos y no nos vemos tan seguido. Ella es quien cree que "los amigos sin hijos se pudren de nosotras, nos volvemos monotemáticas y aburridas". A esta altura creo que tiene razón. La otra vive cerca y es una de las personas con quien más me siento acompañada en el oficio de ser mamá.
Mis mamás amigas son esas mujeres que conocí ya siendo madre, son compañeras de trabajo o mamás de compañeritos de Dani con quienes me llevo muy bien y puedo socializar -hijos de por medio. Puede que en un futuro las considere amigas a secas, así nomás. El tiempo lo dirá. 
Y además, están todos mis otros amigos, los que no tienen hijos, a los que sigo adorando como siempre. Adoro compartir ratos con ellos cuando mi marido puede quedarse un poco con los chicos, me encanta que vengan a casa aunque Dani acapare la atención y pretenda someterlos a todos a largas sesiones de juegos de la oca o lotería de animales. A ellos es a quienes más extraño, en cantidad de tiempo que compartíamos y en el que compartimos en la actualidad.

Ojo, de ninguna manera responsabilizo de esto a mis amigos. Todos ellos son muy cariñosos con mis hijos, siempre están dispuestos a adaptarse a mis horarios, que son muy diferentes a los de ellos (y a los que yo solía tener), se interesan por mis cosas y las de los chicos. No por no tener hijos son "antiniños" (que en otros círculos de amigos sé que los hay), y si alguno lo fuera, lo disimula muy bien. Simplemente, no puedo evitar, al estar con ellos, retrotraerme a mi "antigua yo", dejar un poco de lado a la mamá.
Lo que, en realidad, ¡es bastante saludable! Desde que me convertí en mamá, y más aún desde que soy mamá por partida doble, siento que la maternidad arrasó en mi vida como si se tratara de un huracán, que se lleva puesto todo y que deja las cosas patas para arriba. No veo que a ninguno de mis amigos le moleste eso de mí, pero sí reconozco que no sé muy bien cómo explicarles que no me siento la misma persona, que me siento cambiada, transformada... ¿Ejemplo? A mi hijita la pongo en el celular para que les grabe un audio hermoso a sus compañeritos de jardín expresando cariño y dulzura. A mis amigos les sigo mandando otro tipo de mensajes.
Como este.























El tema es que, finalmente, conversar con mis amigos, juntarme a jugar rol o a ir al cine, hasta tomar unos mates en casa mientras mis hijos revolotean alrededor y yo pretendo hacer de cuenta que no me roban la atención... en este momento me parecen "escapadas" de mi ser como madre. Siento como si, por un ratito, pudiera ser simplemente Mariana, como antes. Visitar mi antigua vida, cosa que a veces me produce muchísima nostalgia. Y por eso, supongo, me da un poco de culpa: culpa por extrañar cómo era mi vida sin mis hijos, culpa por quitarles algo de mi tiempo y de mi energía.
Hablando de energía, ¡tengo poca! Y sé que la amistad no puede cargarse sobre un solo costado: no puedo someter a mis amigos a largas sesiones de quejas (eh, para eso están los blogs, guiño guiño). Y reconozco que tengo menos disposición para escuchar y para acompañar. Solo lo que mis hijos me dejan de sobra, que no es demasiado.
También me veo menos por la razón de que muchas de las amistades son compartidas con mi marido. Nos encantaba salir de a 4 o de a 6 con otras parejas. Y ahora, por una vez que conseguimos dejar a los chicos con alguien (habrán sido unas... ¿dos veces en el último año?) privilegiamos salir solos.
La lotería de animales NO ES NEGOCIABLE.
Sé que también nos vemos menos con nuestros amigos a los 35 que a los 20 por las responsabilidades propias de la vida de cada uno -los hijos, principalmente, en mi caso, pero también mi escritura, sus carreras académicas, nuestros respectivos trabajos, nuestras parejas, nuestras familias de origen a quienes a veces ahora toca cuidar... Sé que son muy pocos aquellos de mis amigos que siguen saliendo hasta las 3 o 4 de la mañana los fines de semana, que la edad nos afecta a todos. Y no es que me gustaría volver a esa vida permanentemente... aunque sí de vez en cuando. Y no puedo: ahora soy con mis hijos. No hay vuelta atrás.
Entonces, ahí está: la escisión entre "Mariana mamá" y "Mariana, a secas" la que ellos conocen. Al menos, para mí, la maternidad y la amistad no resultan tan sencillas de compatibilizar cuando siento que necesariamente una le roba momentos y espacios a la otra.

¿Será permanente esta sensación de estar partida al medio? ¿O será algo propio de las que tenemos hijos chiquitos, a los que cuesta dejar al cuidado de otras personas, y todo volverá a acomodarse dentro de unos años?
Quiero pensar que, cuando el "huracán maternidad" se convierta en una lluvia apacible de primavera, mis amigos seguirán allí, en algún lado, esperándome para volver a pasar juntos largas tardes sin que yo esté pendiente del reloj, para ir al cine sin ponerse de acuerdo 17 fines de semana antes, para compartir unos mates y charlar sobre la actualidad del país, nuestro propósito en la vida y, obviamente, sobre los últimos capítulos de Game of Thrones...

domingo, 1 de enero de 2017

2017: mi listita de resoluciones

Dicen por ahí que las resoluciones de Año Nuevo no suelen sobrevivir más allá de febrero. Para tratar de que se cumplan, una de las estrategias es hacerlas públicas y revisarlas periódicamente. Además, hay que evitar las vaguedades (del estilo "quiero ser feliz", que yo a continuación reservo para mis síntesis) y ponerse bien concreta y descriptiva en los pasos que vas a dar encaminándote a hacerlas realidad. Bueno, he aquí mi listita:

FAMILIA: Dedicar al menos 30 minutos por día a jugar con mis hijos. Leerles cuentos a diario (sí, también a Quiqui, 3 meses no son demasiado pronto para ir creándole el hábito de la lectura). Contar hasta 5 antes de perder la paciencia con Dani. Hacer un paseo especial los cuatro (con papá) una vez al mes. Paseos especiales posibles: salir de la ciudad (al Tigre, a Luján, etc.), ir al cine (esto es menos probable con el gordo, pero podemos probar), ir al Jardín Japonés, hacer un picnic, etc. En síntesis: ¡dedicarles tiempo de calidad!
PAREJA: Salir solos con mi marido una vez al mes (para eso, necesitamos contar con una niñera aparte de la ayuda familiar disponible). Al menos una vez por semana, cuando los chicos se duerman, no mirar series sino conversar con la tele apagada. Festejar nuestro aniversario como corresponde (no alcanza con pedir sushi ese día). En síntesis: fortalecernos como pareja más allá de ser mamá y papá. 
TRABAJO: Sostener un ingreso mensual con mi trabajo freelance que sea al menos un 25% de lo que gano con mi trabajo estable. Renovar en el colegio mi plan lector al menos con un título nuevo por grado (se aceptan sugerencias de los chicos). En síntesis: no mucho nuevo, este año me interesa sostener, no crecer. Mi prioridad por esta vez no está en la carrera.
AMIGOS: Encontrarme con alguno de mis amigos personalmente al menos una vez por semana (cuesta encontrar los momentos, pero tengo varios amigos, así que con verme con cada uno una vez al mes podría cumplirlo). Reincorporarme a mi mesa de rol. Hacerme amiga al menos de una mamá más. Participar activamente en grupos de crianza en tribu y de apoyo a la lactancia. Una vez al mes, organizar citas de juego con amiguitos de Dani para tener un rato socializando con las mamás del jardín. En síntesis: no soy yo sin mis amigos, no soy yo sin ser mamá, y aunque es difícil combinar ambas facetas, ese es mi objetivo.
SALUD Y BELLEZA: Acá sí quiero ponerme las pilas. Retomar yoga, al menos una vez por semana. Retomar y sostener natación, al menos dos veces por semana. Arreglarme linda cada vez que salga. Cortarme el pelo corto y sexy. Respetar mis controles de dentista (no me gusta pero es necesario). Decirle que NO a las tortas de cumpleaños en el trabajo al menos la mitad de las veces (en el colegio hay cumpleaños día por medio más o menos, y siempre convidan a todas las maestras...). En síntesis: el puerperio terminó, no tengo por qué ser la mamá zaparrastrosa 24x7.
VOCACIÓN: Siempre digo lo mismo, pero... quién sabe, capaz este año logre cumplirlas. Retomar la escritura de ficción. Sostener todo el año este blog. Hacer al menos un taller literario (preferentemente con Liliana Bodoc). En síntesis: ¿Cómo puedo aspirar a ser escritora si no escribo?

¡Que tengan todos un hermoso 2017! ¿Cuáles son sus resoluciones? ¿Cuáles de las mías les parecen más factibles y cuáles más descabelladas?